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Ed. Impresa La poeta cochabambina dice que las palabras son para ella como varitas mágicas, ingeniosas, generosas, increíblemente socarronas. “Ellas nos traducen, nos denuncian, nos sorprenden. Mi sueño es que haya armonía entre lo que ellas revelan y el sentido que

Norah Zapata Prill: el poeta sólo gana la lucha con las palabras

Por Elizabeth Arrázola - Los Tiempos - 12/02/2012


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La poeta cochabambina Norah Zapata Prill, dedica su libro “Antología”.  - Daniel  James Los Tiempos

La poeta cochabambina Norah Zapata Prill, dedica su libro “Antología”. - Daniel James Los Tiempos

Cuando uno camina por la vida de la mano de la poesía de Norah Zapata Prill, intuye que nos llevará a recónditos y lejanos lugares donde se camina con los pies descalzos bajo la luz de las estrellas y se siente el silencio en el cuerpo.

La poeta cochabambina, oriunda de los valles, está de paso por la ciudad. Recorrió otras ciudades del país donde leyó sus poemas. Nació en Cochabamba en 1943 y estudió Literatura en la Normal Católica. Desde 1976 radica en Lausanne, Suiza, donde se dedica a la geriatría.

En 1973 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Franz Tamayo con el poemario “De las estrellas y el silencio” y dos años más tarde fue galardonada con el mismo premio, pero con el poemario “Géminis en invierno”, publicado recién en 1978.

En 1985 publicó “Fascinación del fuego” y “Diálogo en el acuario”. Ese mismo año logró la Primera Mención Honorífica del Club del Libro en español de las Naciones Unidas en Ginebra-Suiza.

A continuación va una entrevista con Norah Zapata Prill sobre su producción literaria, el origen de su poesía y su manera tan particular de vivir.


 Hacer poesía, para muchos seres humanos. Para ti, cómo fue hacer poesía desde un principio, desde tu juventud? ¿Cuál fue la estrella que iluminó tu camino?

Para mí, la poesía es el resultado de una descarga emocional intensa así ella solicite otros componentes como la inteligencia, lo irracional, la imaginación, la memoria, las percepciones, los sueños… En ese sentido, reconozco con Aristóteles su valor catártico, psicoterapéutico. De una o de otra manera, todos somos niños heridos por la vida. Una cura, una purificación se impone naturalmente con o sin poesía.

La duda, no podemos siempre evitarla,  es nuestra compañera en  esta lucha incesante contra el sentimiento de inseguridad, la falta de confianza en nosotros mismos y en quienes no corresponden a nuestras esperanzas o cuando no correspondemos a la de otros (duelos, olvidos, negligencias). Y, a pesar de todo, darle un sentido a la existencia, qué desafío, qué paradoja sobre todo cuando se le busca o se le encuentra  en los fondos del abismo.  Acaso somos demasiado ambiciosos cuando queremos que él se nos manifieste cuando lo deseamos, que tenga un nombre preciso, una cita. En este entrecruce de caminos que es la existencia y las experiencias, cada hecho tiene su sentido. A mí y a tantas otras personas en mi contorno, ese sentido se les ha presentado como un Ah!, era eso, se trataba de eso entonces? Sin practicar necesariamente una meditación metafísica, prestar atención a lo que nos sucede, concentrándonos sinceramente,  podemos intimar con los secretos, los misterios de la vida sabiendo que a cada día bastan sus penas y cada día sus alegrías. Nada está adquirido definitivamente. Así esta búsqueda ocupe toda una vida y que para cada uno se realice de maneras y circunstancias diferentes, siento que no debemos renunciar a encontrarle.

¿Cuál y cómo fue tu primer texto literario?

Mi primer texto fue una carta de amor dirigida a un amante imaginario escrito más o menos a los 12 años. El fue inspirado por una emisión radiofónica que introducía canciones dedicadas con textos de la poeta mexicana Olga Sansores, si la memoria no me engaña, tarde en la noche. Entonces, padecía de insomnios y de pesadillas. Los afectos de mis padres, no porque no los tenía sino porque los sentía carentes, me aislaron y sólo Dios sabe lo que mi tierna edad tramaba secretamente en mi interior. Creo que la fabulación en las primeras etapas del ejercicio poético es una fuente de inspiración.

En mi juventud, esos ejercicios se nutrieron de mis vivencias, de mis viajes, de mis encuentros, de mis lecturas sin que yo pueda precisar cuáles. Tal es la fuerza vital entre los 16 y los 20 años, que todo es fuego y juego, deseo, sensaciones, promesas, búsquedas, paradojas, alegría, decepciones, llantos, arcoíris, primeras iluminaciones en el cuerpo y en el espíritu, primeras oscuridades: Dicen que hay puentes/ que sólo entienden las estrellas/ Y que a veces/ delira en ellos la soledad (Géminis en invierno, VIII).

¿La estrella que iluminó tu camino?

Pienso que es la fe, aquella que nace, se enferma, muere, resucita como el Phenix  de sus cenizas; la fidelidad a quienes creyeron en mi arte, un Juan Quirós, un Oscar Cerruto, un Oscar Rivera-Rodas, Yolanda Bedregal, mi profesora de composición Gaby Vallejo…, aquel amigo chileno, joven poeta que  se iba a vivir por dos años con indígenas del Perú para curarse de un consumo de drogas fuertes, dejándome sobre mi cabecera esta atroz estocada bienhechora: Norah,  quien no agradece los dones de los dioses se porta como un ladrón. En ese entonces tenía yo  25 años.

Tus libros reflejan, de alguna manera, todo el proceso que viviste día a día o son más bien como pequeños saltos?

Hay en ellos una cierta continuidad, pero también saltos y sobresaltos en función de los acontecimientos acaecidos y del tiempo que les dediqué. Tengo mucho por corregir, por terminar. Como ya lo dije una vez, estoy esperando el retiro de mi vida profesional (a fines del 2012) para ocuparme seriamente de mi obra, entre otras prioridades.

Se podría decir que tu Antología, la que publicaste recientemente,  ya es fruto de una madurez que uno adquiere solo con los años?


Esta Antología se publicó en Viena por un concurso de circunstancias. Cuando fui invitada al  Festival Internacional de poesía en Viena, en el 2005, gracias a Pedro Shimose, quien había dado mi nombre para que se me invitara, el organizador de este evento, Enrique Moya, poeta venezolano, me propuso la edición de este libro. Fue en un momento en el que yo tenía muchas obligaciones profesionales. En gran parte, fue él quien eligió los poemas y se ocupó de las pruebas. En esta Antología se encuentran poemas de diferentes momentos de mi producción. Algunos sí  son frutos de una madurez que adquirí con los años como MANCHAS, dedicado a Daysi, mi hija: Las manchas que yo llevo/ que tú  ves/ no están sucias/  Son la sombra/ nada más que la sombra/ de nubes pasajeras.- O este otro: A los cactus de Oruro: Me  siento al lado de los cactus/ sus espinas me tocan sin querer herirme/ y por mi espalda se deslizan sus labios como tunas/ como diciéndome, yo te he querido como a nadie/ orfandad de la puna/ Duerme/ Entonces sé que no hay amor más grande/ que el seguir amando/ a pesar de la espina y sus espinas.

Te confieso que con los años aprendí a aumentar más reflexión a las cosas del corazón, más sentimiento a las cosas del pensamiento. No obstante, esta especie de equilibrio deseado no debe ser hostil a la espontaneidad, al entusiasmo, a la emoción, a mi manera de ser ni a mi poesía. Ni mucha cima, ni mucho abismo, qué pretensión!

Durante estos más de cuarenta años que escribes, ¿qué has buscado incansablemente en la vida?

He buscado incesantemente saciar mi sed de absoluto aún en las horas sombrías y  en las ilusiones que se me ofrecieron seductoras: Y llegaste con tu voz en la que Mahler interpretaba/ perfume amado de otros tiempos/ y me hiciste firmamento para la estrella fugaz/ que fuiste (de Estrella fugaz).

La vida me ha dado muchas cosas buenas y bellas pero también algunos golpes duros. Quien supo descifrar mis estados de alma en esas etapas difíciles de mi primera juventud, fue Juan Quirós quien, en una nota preliminar a mi librito Fascinación del fuego dijo lo siguiente: Dos móviles la impulsan: un amor tembloroso e intenso, y un extraño dolor que en ningún momento le abandona. Acaso ella podría decir al igual que una de las heroínas de Mme  Stat_l: “De las aptitudes con las cuales me adornó la naturaleza, la única que he usado plenamente es la aptitud para sufrir”.

 Perseguiste el misterio de la vida, tocar con tus palabras la esencia de la vida o simplemente que se te revelaran los secretos de por qué estamos en este mundo?

Si por revelación entendemos una toma de conciencia de la realidad a través de la vivencia, sí, algunos hechos  de la existencia me han mostrado su verdadera naturaleza, algunos como la fugacidad, la fragilidad: En el más bello aroma no tenemos sino este cuerpo/ que miente siemprevivas (De Icaro, El beso de la luna).


¡Qué tremendo es esto de mirarse cual espléndido árbol en las aguas de un río queriendo ignorar, empecinadamente,  que las aguas del río pasan y nosotros también! 

Pero hay cosas y hechos que no logro comprender ni aceptar todavía.  Y por tanto el corazón sabe. Somos acaso, como dijera San Agustín, fugitivos de nuestro propio corazón?  Pero, hasta cuándo? Felizmente, me digo,  que huimos juntos de más en más hacia adentro. El corazón sabe.  Los misterios, al fin de cuentas,  sólo se dejan intuir y ya es bastante!

Sabes?  Variadísimos oficios me han interesado, la jardinería principalmente. Ella, asociada a lo humano, me ha demostrado que estamos en este mundo para servir, descubrir, respetar, aprender y enseñar, alabar la vida, asombrarnos, construir puentes en los que encuentros y reencuentros anulan deudas, crear  proyectos animados, solidarios, que hay etapas en todo, que nada se pierde, que lo aparentemente inútil a nuestro entendimiento en un momento dado, tiene un sentido, tiene un mensaje.
¿Qué valor tiene la palabra para Norah Zapata-Prill?

Cada ser comunica por sonidos, la abeja, las piedras, los cielos, los zapatos… El movimiento genera la energía necesaria. Nosotros tenemos la palabra, es nuestro instrumento primordial pero también, están los gestos, sus ecos, sus silencios. Sola o asociada a otras activa la vida del espíritu, conmueve, dice y hasta dice lo que quisiéramos acallar. La palabra es mi cómplice, en su aparente obediencia a mis caprichos o exigencias es autónoma y lisonjera. Yo debo ser mucho más hábil que ella, que ellas. Debo dominarlas pero dejándoles su salvajismo. Paradoja de las cosas esto de depurar sin violar.

En pocas ocasiones el poema se me ha dado como un regalo, impetuosamente, de pronto. Son momentos de gracia. Si no,  la escritura requiere una tal concentración que lo exterior se excluye, se está en otros mundos.

No tengo un solo contexto para escribir, cada vez es diferente. A veces, una música, un paisaje, una conversación, una lluvia, un silencio es inspirador, motivador.  


Tu poesía, cómo y cuándo sintoniza con los ancianos con los que trabajas? ¿Qué impulsos has tomado de ellos y que fantasmas has espantado con su ayuda?

Me he enriquecido mucho en humildad, en aceptación de nuestra condición humana y sus fallas. Pero estoy lejos aún de vivir plenamente estas virtudes.

Puedo decirte también que la enfermedad, la muerte actúan como igualadoras de clases, semejante a las Danzas de la muerte medievales. Todos iguales frente al dolor, todos iguales frente a la muerte.  En esta misión de acompañamiento que nos hemos dado: calmar el dolor, evitar el sentimiento de soledad, de abandono todo gesto, incluso el silencio devienen tan humanos que no podemos sino hacer de esos momentos, instantes de oración y resentir nuestra propia fragilidad.

De manera curiosa pero comprensible para mí, ser poeta me ha permitido no descompensar psicológicamente con los disfuncionamiento demenciales  de los ancianos. Los poetas tenemos algo de familiar con la locura: las obsesiones, las zonas vacías, nuestros delirios, nuestras incoherencias. Me ha ocurrido algunas veces de entrar francamente en el delirio de algunos sin perderme, sin ser atrapada. El ser poeta me ha permitido esas locuras.- Me acuerdo a este propósito de un poema que escribí hace muchísimos años atrás y que sigue siendo de actualidad en mi filosofía de vida y cabe muy bien en el contexto de los ancianos que acompañamos: Llama al cielo, un animal está herido/ Llama al infierno/ un ángel quiere entrar en  él.  “Ni mucho Dios ni mucho ego”, como está dicho por un viejo sabio en ese magnífico y significativo film Comer, rezar, amar/ Más vale tarde que nunca en el cual su protagonista, la bella Julia Roberts, busca el sentido de su existencia.

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