Ed. Impresa “Los constantinopolitanos”
de raúl rivero adriázola
Por Fadrique Iglesias Mendizábal - Periodista Invitado - 15/07/2012
He leído el libro de Raúl Rivero Adriázola titulado “Los Constantinopolitanos”. No cualquier persona se atrevería a escribir un libro de esta naturaleza y categoría, donde se van integrando la Filosofía, la Historia, la Teología y la Liturgia, en una síntesis cultural digna de todo encomio.
Me pregunto constantemente cómo un hombre como Raúl Rivero, que no es ni perito ni licenciado en Filosofía ni en Teología ni en Historia de la Iglesia, ha podido concebir en su intelecto esta clase de obra y plasmarla en un libro tan denso, tan voluminoso, tan especial… porque “Los Constantinopolitanos” no es un libro cualquiera. No es una novela que se lee ávidamente y sin control y donde se mezclan la fantasía, la invención y la creatividad del autor, sino que es un libro de 500 páginas, cuyo eje principal es una controversia de tipo teológico y que dio origen a la separación de la Iglesia latina (católico-romana) con la Iglesia llamada ortodoxa (constantinopolitana), aunque sí se dan en muchas páginas características del género novelesco.
El contenido fundamental de esta separación eclesiástica entre católicos y ortodoxos (cismáticos) y que se plasma a través de las páginas de esta novela, se basa en lo que en la Teología se llama: “las procesiones trinitarias” (La Santísima Trinidad es el misterio fundamental de nuestra fe: tres personas en su divinidad y un solo Dios). Las tres personas son iguales en su dignidad y en la alabanza que el pueblo creyente les tributa. Pero el punto clave de esta desconexión entre ambas Iglesias es dilucidar y saber si el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, procede del Padre y del Hijo o solamente del Padre (la famosa tesis del “Filioque”… “También del Hijo”) y que tantos problemas y distanciamiento han supuesto a lo largo de la Historia entre la Iglesia latina y la Iglesia griega.
Distintos concilios llevados a cabo en distintas ciudades europeas, grandes personajes como el Papa, el Emperador, Obispos, patriarcas de aquella época, van desfilando por estas páginas, mostrando sus saberes, sus interpretaciones, su modo de concebir estas realidades trascendentes.
Naturalmente este libro no es para personas principiantes, novelescas, ni es un libro de historietas hechas a base de fantasías y elucubraciones, sino un texto para personas preparadas intelectualmente y con deseos de saber más, de aprender más, de imbuirse de una cultura, de una historia que va más allá de la simpleza y de la satisfacción momentánea.
Para mí ha sido una satisfacción el poder leer este libro y lo recomiendo a las personas que tienen esa capacidad de analizar y sopesar los acontecimientos de la religión cristiana en una época determinada de la Historia y poder juzgar de una manera más ecuánime y seria lo que ha sido el pensamiento teológico en una situación histórica.
Y me sigo preguntando de dónde ha sacado Raúl Rivero tanta bibliografía, tanta capacidad y tantas citas para componer una obra de semejante nivel. Hay que preguntárselo.
Por si acaso decía Louis Pasteur: “Un poco de Ciencia nos aparta de Dios… Mucha, nos aproxima”.
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