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Juegos de hambre

Por Rodrigo Antezana Patton - Periodista Invitado - 29/07/2012


Los gobiernos totalitarios son uno de los temas de la ciencia ficción, siquiera desde ¨Nosotros¨ de Yevgueni Zamiatin (1924). Dada la complejidad del asunto, desde la servidumbre voluntaria y obligada de ¨Un mundo Feliz¨ de Aldous Huxley, hasta la desidia colectiva de ¨Fahrenheit 451¨ de Ray Bradbury, no debería sorprendernos que el tema se haya mantenido vigente hasta nuestros días. La serie de ¨Los juegos del hambre¨ de Suzanne Collins se unen a esta tradición narrativa. El filme homónimo nos presenta un país llamado Panem, que antes fuera los Estados Unidos, donde los 12 distritos empobrecidos deben presentar un tributo de dos jóvenes, un hombre y una mujer, para competir en el brutal ritual de ¨los juegos del hambre¨.

“Los juegos del hambre” de Gary Ross, basado en un guión de, entre otros, la propia Suzanne, tiene como mérito un buen ritmo, además de un ambiente provocador; sacrificio, opresión, son algunos de los temas que vienen a la mente mientras transcurre el filme. Diría que Jennifer Lawrence, que interpreta a Katniss Everdeen, la heroína del filme, actúa muy bien, y varios del resto del elenco son más que solventes. También podemos ver una efectiva participación de Woody Harrelson, como Haymich Abernathy; y Josh Hutcherson, como Peeta Mellark. La tensión narrativa, que involucra un juego donde deben matarse los unos a los otros, genera un efectivo dramatismo que –supongo– es la clave del éxito taquillero de este filme. Todo lo demás son defectos.

“Juegos” es un claro ejemplo del trazo grueso que se puede utilizar en una narración. Los explotadores miembros de la élite del Capitolio, con sus peinados coloridos, sus sonrisas excesivas, y vestidos chocantes, como el de Effie Trinket, de lila brillante de pies a cabeza, son fácilmente desagradables, lo que presentará una obvia diferencia con todo lo que vista Katniss. Sólo el presidente Coriolanus, nada menos que Donald Sutherland, retiene algo de solemnidad. Y este mismo problema se extiende a lo largo de toda la historia, además de que genera absurdos narrativos. Ya que en el juego Katniss deberá matar, pues, la autora le crea fáciles enemigos, los crueles profesionales del distrito 1 y 2, como ellos son ‘malos’, ahora Everdeen podrá defenderse sin deshonor. Además, la buscan en grupo, lo que les hace unos abusivos; ¿pero, qué razón táctica permitiría la existencia de un grupo como ése en estas condiciones?, ¿dormiría alguien al lado de otra persona que se beneficiaría matándote mientras duermes? Absurdo. Lo mismo sucede con el concepto en sí, demasiado cruel, obviamente malvado, ¿qué opresores más mensos buscarían unificar a sus oprimidos a través de una burla tan patente? Y, si buscan distraer a la gente con un espectáculo, ¿no evitarían la fácil masacre inicial para hacerlo más interesante? Claro. Como pretexto, como espectáculo, la idea está mal diseñada, Collins busca el fácil efecto de la muerte, y su opresión, efectivo, cierto; pero con pinceladas muy torpes.


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