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Ed. Impresa José Toribio Merino frustró en 1987 la posibilidad de dar una salida al mar a Bolivia, al norte de Arica, para la cual "había perspectivas esperanzadoras de la respuesta de Perú"

La preparación para Montevideo y una salida soberana al mar

Por Jor­ge Gu­mu­cio Gra­nier - Periodista Invitado - 8/09/2012


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Cuadro pintado sobre la guerra del Pacífico librada entre Bolivia y Chile. | Foto archivo -     Agencia

Cuadro pintado sobre la guerra del Pacífico librada entre Bolivia y Chile. | Foto archivo - Agencia

 

En la preparación de la reunión de abril de 1987, el Canciller Bedregal visitó Lima e informó personalmente e intercambió opiniones con el presidente Alan García y su canciller Allan Wagner. De la misma manera, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia informó por escrito, a las cancillerías de países de la región, incluida Lima, y al Secretario de Estado de los Estados Unidos, con un resumen del caso de su enclaustramiento marítimo originado como resultado de la guerra del Pacífico. Las notas se refirieron también a las opciones para una solución mediante los tratados negociados en 1895, así como las oportunidades dadas en 1926, 1950 y 1975. Se hizo mención a la inclusión del tema en la OEA y a la resolución N° 426 de 1979. Se anunció, finalmente, que en la cita de Montevideo se plantearía “la entrega de un corredor al Sur de la línea de la Concordia, actual límite de Chile y del Perú. Además se presentarán alternativas complementarias referidas a enclaves”. 

En la cancillería de La Paz se efectuaron, por parte de la delegación que viajaría al Uruguay, las reuniones preparatorias los días 16 a 18 de abril, en la que se revisaron los planeamientos a ser presentados a la contraparte chilena. La delegación boliviana se trasladó a la capital uruguaya el domingo 19 mientras que la de Chile arribó el lunes 20.   

LA CITA EN MONTEVIDEO

Bajo los auspicios del gobierno uruguayo, los cancilleres de Bolivia y Chile se reunieron en el Hotel Carrasco de Montevideo del 21 a 23 de abril de 1987. El gobierno uruguayo dio todas las facilidades para efectuarlas en el mismo salón del hotel donde Chile y Argentina iniciaron el proceso de negociación para resolver el tema del Beagle bajo la mediación del Vaticano.  

La delegación chilena presidida por su canciller, estaba conformada por el embajador Gastón Illanes, director de Política Exterior;  general Guillermo Toro Dávila, embajador en Uruguay; el general Pedro Ewin, director de Fronteras y Límites; el coronel Juan E. Carrasco, director de Planificación de la Cancillería; el teniente coronel Juan Enrique Walker, director de Asuntos Económicos; el diplomático Pedro Suckel, jefe del Departamento de América y  James Sinclair, jefe de Gabinete del canciller.  La delegación boliviana presidida por su Canciller fue conformada por el embajador René Soria Galvarro, subsecretario Adjunto de la Cancillería; el periodista Irving Alcaraz, subsecretario de Informaciones; el cónsul General en Santiago, Jorge Siles Salinas; el subdirector de Límites  Coronel Flavio Ocampo; el embajador en Uruguay Ángel Jemio; el director de América, embajador Carlos Trigo, y Eulalio Medina del Escritorio Chile y mi persona como embajador representante permanente ante la ONU.

En esta ocasión,  Bolivia presentó una propuesta oficial para resolver el enclaustramiento marítimo que se entregó sin haber reanudado relaciones y considerando compensaciones no territoriales, aunque dentro de un espíritu de acercamiento auténtico y de beneficio común.  Estos dos importantes aspectos habían sido presentados por Bedregal en consulta a del Valle, quien los aceptó anteriormente tanto en Nueva York como en Guatemala. 

El encuentro de las dos delegaciones se efectuó a primera hora de la mañana del martes 21, con discursos de circunstancias de ambos cancilleres. A continuación fue entregada la propuesta boliviana mediante dos memorándums. El primero se refería a la cesión de una franja territorial propia, soberana y útil ubicada al sur de la línea de la Concordia y detallaba varios asuntos emergentes de esa cesión.  El segundo memorándum se refería a la cesión de un enclave para lo que se presentaban tres opciones posibles; este planteamiento se lo hizo para prevenir un posible rechazo del Perú a la franja presentada en el primer memorándum. Se presentaron para ambos planteamientos los respectivos mapas, con las características geográficas.

La delegación de Chile inició la sesión al día siguiente, presentando un cuestionario con preguntas que buscaban precisar y/o aclarar lo presentado por la delegación boliviana en los dos memorándums. Durante esa presentación, ingresó a la sala de reuniones un funcionario de la Embajada chilena en Montevideo, con un fax en la mano que le entregó a del Valle.  Éste al leerlo se mostró  muy contrariado y pidió continuar la reunión sin su presencia, abandonando la reunión acompañado por Illanes y Toro.  Al término se declaró un cuarto intermedio, pero se notaba mucho nerviosismo en los delegados chilenos mientras los de Bolivia ignoraban lo que sucedía. 

Regresaron a la sala de reuniones Illanes y Toro. El primero invitó al canciller Bedregal a  acompañarlo a otra sala para que se reúna privadamente con del Valle.  El general Toro se me acercó y me mostró el fax, que transcribía el editorial de periódico La Segunda, donde criticaba fuertemente las gestiones del canciller del Valle con la Argentina y la emprendida con Bolivia, y  alertaba en contra del encuentro en Montevideo. Toro, a continuación me dijo; es la Marina que está detrás de ese editorial, el Ejército apoya este acercamiento y no desea continuar limitando con Perú, así lo decidieron sus mandos en 1920, en 1950, en 1975 y ahora.  Los marinos, añadió, creen que ellos  derrotaron a Bolivia en la guerra mientras el Ejército lo hizo con Perú. Afortunadamente, el canciller del Valle acaba de hablar con Pinochet, quien le reiteró su apoyo, tanto a él como a este encuentro, precisamente del Valle debe estar explicando en este momento esa situación a su canciller.

En la sesión de la tarde, la delegación boliviana respondió a las siete preguntas sobre el memorándum N° 1 y las dos referentes al memorándum N° 2.  Los delegados chilenos se mostraron más tranquilos y terminada la sesión intercambiaron anécdotas y  socializaron con los bolivianos. 

En la sesión matutina del día 23,  se elaboró el Comunicado de Prensa que se emitió en esa fecha. Al concluir la sesión, del Valle muy entusiasmado reiteró su esperanza que esta aproximación concluiría exitosamente, mencionó que el tema marítimo era estrictamente bilateral, por lo cual no era necesaria una segunda reunión en Montevideo. Añadió que los próximos encuentros deberían celebrarse en Sucre y luego en La Serena, guardando la necesaria discreción para evitar distorsiones de la prensa.   

El canciller uruguayo, Enrique Iglesias, invitó a un almuerzo de despedida a Bedregal y del Valle, en un club de Montevideo. Inmediatamente después del almuerzo, Bedregal se unió a la delegación boliviana que lo esperaba en el aeropuerto para salir de regreso a Bolivia. Ya en el avión, Bedregal comentó que al concluir el almuerzo,  Iglesias dijo “Jaime, he vivido muchos años en Chile y conozco bien tu país. ¿Van a concluir bien esta negociación o Chile se burlará una vez mas de Bolivia?  Del Valle muy enfático reiteró el propósito positivo de Pinochet y de su gobierno en pleno para resolver, de la mejor forma posible, la aspiración marítima.     

DESPUÉS DE MONTEVIDEO

Ambos cancilleres se dedicaron a informar a sus diferentes instancias de gobierno lo acontecido en Montevideo. Las reacciones de la opinión pública fueron de optimismo en Bolivia y  variadas en Chile, dependiendo de la ubicación en el espectro político y social de ese país.  Siles Salinas informó durante mayo y los primeros días de junio sobre una campaña sistemática de prensa contra las conversaciones con Bolivia. Merino, Comandante de la Marina, estaba indignado con del Valle, no sólo por lo de Montevideo, sino porque éste autorizó al Perú,  a enviar expertos de hidrografía naval y buzos de la Marina del Perú para explorar en la bahía y puerto de Arica, estudiando los planes en curso para el cumplimiento del tratado y protocolo de 1929 referentes al malecón de atraque.   

El viernes 5 de junio, a mediodía me llamó el canciller Bedregal y me anunció que del Valle  pidió publicar la documentación de Montevideo y que el accedió y se publicaría en la prensa de ambos países al día siguiente.  Ese mismo día, por la tarde,  asistí a un evento de las Naciones Unidas y al ingresar me crucé con el Subsecretario de  Asuntos Políticos de la ONU, Diego Cordovéz, quien me preguntó cómo iban las conversaciones entre Bolivia y Chile. Le respondí que la documentación de Montevideo se publicaría ese sábado 6, por pedido del canciller del Valle y le mandaría copias de la misma.  Cordovéz reaccionó de inmediato y me dijo “quiere decir que la negociación murió, déjame darte el pésame”. Llamé al canciller Bedregal y le trasmití la opinión de Cordovéz, me respondió: “que le vamos a hacer, del Valle exige su publicación, ya veremos qué pasa”.

El canciller del Valle, muy propio de su carácter, ignoró alertar personalmente al cónsul Jorge Siles Salinas.  Por la mañana del martes 9 de junio, el Subsecretario General de la cancillería chilena citó a Siles Salinas a una audiencia, en la cual le leyó un comunicado y entregó copia del texto, en el cual se notificaba que Chile encontraba inadmisible la propuesta de Bolivia para acceder soberanamente al Océano Pacífico.

A escasas seis semanas  del encuentro de Montevideo, el gobierno de Pinochet, ante el desarrollo de eventos de política interna y la presión de Toribio Merino, comandante de la Armada, rechazó abruptamente continuar con las conversaciones entre los cancilleres del Valle y Bedregal bajo los auspicios del gobierno del Uruguay en un compromiso público asumido ante la OEA en Guatemala.   

Años más tarde, el embajador de Chile en Argentina, Luis Maira, confirmó que el almirante José Toribio Merino frustró en 1987 la posibilidad de dar una salida al mar a Bolivia, al norte de Arica, para la cual "había perspectivas esperanzadoras de la respuesta de Perú".  El diplomático relató que en aquel entonces el ministro de Jaime del Valle había iniciado negociaciones prometedoras con el canciller boliviano Guillermo Bedregal.

Jaime del Valle dejó de ser ministro de Relaciones Exteriores el 11 de julio de 1987, a un mes de la ruptura de las conversaciones con Bolivia. Su salida significó también la postergación por doce años de las negociaciones con el Perú sobre los problemas pendientes en la ejecución del tratado de 1929 y su protocolo. No obstante, se debe resaltar que mientras la cancillería peruana exige conocer cualquier tratativa de Bolivia con Chile, no comunica nada a Bolivia sobre sus relaciones con Chile. Al respecto, se señala que en noviembre de 1985, el canciller Allan Wagner fue el primero en abordar verbalmente con Jaime del Valle  el tema de la delimitación marítima; en esa dirección, envió a Santiago al embajador Juan Miguel Bákula para entrevistar al jefe de la diplomacia chilena y explayarse sobre ese asunto. Del Valle escuchó el 23 de mayo de 1986 al enviado peruano y le sugirió un “memito” para estudiarlo. El canciller chileno recibió el memorándum de Bákula el mismo día y su cancillería nunca lo respondió.  El Perú demandó a Chile, años más tarde, en la Corte Internacional de Justicia en La Haya sobre su delimitación marítima, contando con el antecedente de Bákula. Jaime del Valle, al conocer la demanda peruana y consultado por su propia cancillería, declaró que no recordaba haber conversado ese tema con el enviado peruano. 

Ni la cancillería peruana o la chilena informaron a la diplomacia boliviana, sea en La Paz, Lima o Santiago  sobre sus conversaciones entre 1985 y 1987.   

 

(*) Este artículo se basa tanto en la experiencia personal del autor --abogado y diplomático boliviano-- y en su libro “El enclaustramiento marítimo de Bolivia en los foros del mundo”. Academia de la Historia, La Paz, 1993.

 

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