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"Cincuenta sombras..."

Por Los Tiempos | - Usuario - 3/02/2013


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Mónica Olmos Campos (*)

“Disculpa, no recuerdo el título pero es una novela erótica, un Best Seller”, le digo ruborizada a la vendedora. “Se me ha acabado pero ella tiene”, me dice mirando a la señorita que está a su lado. Me aproximo y me siento  valiente pero pecadora. Insisto en la novela y ella saca los tres números. Hecha a la discreta, sólo compro el primero. Su mirada maliciosa, me asegura que pronto volveré por los otros dos.

Esta saga de género adulto ha nutrido numerosos foros de una polémica que intenta aclarar las intenciones y los recursos de la autora; el  público al que está dirigida y su calidad literaria; el excesivo marketing que la ha publicitado; cuánta realidad hay en los relatos; los límites aceptables del sexo no convencional…

“Mi mujer está leyendo todo el tiempo las Cincuenta sombras de Grey  y me molesta. A ninguna mujer le gustaría encontrar a su esposo mirando una película porno en la sala de Tv.”; “Es el libro porno para mamás”; “Mucha cama, maltrato y dinero”. Comentarios como estos abundan en las redes sociales, opiniones con las que coincido, y es, entonces, que trato de entender el boom de la obra.

Y me cautiva que a pesar de los “pocos recursos literarios, a su narrativa circular y plana, a sus personajes secundarios poco trabajados, a ser un relato con excesiva repetición”, el público lector termine devorándola.

¿Se trata entonces de un texto de consumo masivo, de esos que se leen en el avión, en la terminal de buses, en la sala de espera del médico o en las noches de insomnio? Quizá, lo que está claro --más allá de la calidad literaria-- es que la novela busca entretener, algo que E.L. James hace con experticia. 

¿Entretenerse con basura? ¿Es intelectualmente honesto? Puede serlo, las otras artes también lo hacen; finalmente, la culpa la tiene la dialéctica…si, esa dialéctica que intenta comprender lo naturalmente contradictorio de nuestro ser. 

¿Esta “basura literaria” está arrasando con experimentados lectores y cautivando el interés de los más desapegados a las letras? ¿Será su lenguaje sencillo, su argumento facilón y desenredado, sus diálogos puntuales y ágiles, la narrativa en primera persona que aproxima con mucha más fascinación a la pobre  e insaciable Ana? ¿Esas páginas que huelen a sexo y suenan a gemidos de placer? ¿La capacidad que tiene James para que las lectoras visualicemos al hombre deseo, al hombre reto, al hombre casi perfecto;  para que los lectores se imaginen dominando a su sumisa, a esa hermosa mujer incitando su cuerpo a tomar posesión del puro placer?

E.L. James ha puesto en contexto actual (con Audi, IPad y BlackBerry), la clásica historia de amor entre la muchacha sencilla y el Príncipe/millonario. Una trilogía que debió acabar antes. Un final  inconsistente con el cuerpo de la historia. De palabras y escenas eróticas demasiado parecidas. De una traducción que hace pensar que el texto original es superior; y de humillaciones psicológicas y físicas innecesarias.

Pero no te desanimes porque Cincuenta Sombras, te coge y sobrecoge, y te devuelve a la realidad con cincuenta luces más.

 

(*) La autora es Comunicadora Social y Doctora en Educación.

 

molmitos2010@gmail.com


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