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¿Manipulada?
Por Redacción Central - Los Tiempos - 5/11/2009
¿Manipulada? - Redacción Central Los Tiempos
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Darse cuenta de que existe manipulación en la pareja es difícil. Por lo general, sientes culpa, haces cosas que no quieres hacer y renuncias a tus valores y principios para satisfacer los de la otra persona.
La manipulación
Todos utilizamos algún tipo de chantaje emocional en algún momento; cuando intentas controlar lo que dice o hace otra persona, cuando exiges algo o cuando te empeñas en que el otro se adecúe a lo que deseas.
En una relación de pareja los roles de manipulador y manipulado aparecen a menudo y en ambos miembros de la pareja; a veces, la mujer es la manipuladora y otras será la manipulada, lo mismo ocurre con el hombre, lo que es natural si es sutil y cuando el otro está dispuesto a hacer lo que se le pide y lo hace con gusto. Así, los roles cambian y la relación es compensada.
“Todos manipulan y en una relación dar y recibir es natural, es un juego continuo”, explica la psicóloga Naira Barrientos.
Por otra parte, en la pareja se producen muchas veces juegos de dominación en los que cada miembro adopta un papel diferente y toma al otro con diferentes armas de manipulación, convirtiendo a la relación en un campo de batalla en el que ambos luchan para controlar la situación o reivindicar su punto de vista.
Sin embargo, muchas veces existe una clara jerarquía de poder y uno de los dos decide e impone, mientras que el otro acata las órdenes; es aquí donde el problema surge, cuando uno manipula y el otro siempre se deja manipular, afirma la especialista.
En un principio la manipulación no es perceptible, y además se cae en ella con agrado. Cuando esta forma sutil no causa efecto, se recurre al chantaje emocional donde aparece la crítica, la culpa, la amenaza, la vergüenza, etc., con tal de que el otro haga lo que uno quiere.
Cosa de dos
La manipulación es una transacción y sólo es posible cuando hay dos bandos enfrentados; de igual manera, para que alguien se imponga en una relación, es preciso que haya otra persona que lo acepte. En muchos casos se trata de un encaje de necesidades, uno necesita dominar para sentirse más seguro, el otro acepta someterse como un modo de delegar responsabilidades o incluso de mantener la relación, lo que resulta en una relación descompensada y asimétrica: una parte siempre gana y la otra pierde. Cada uno incorpora a la relación una serie de puntos débiles que duelen cuando los tocan:
resentimientos, inseguridades, miedos… La manipulación sólo se produce si permites que sepan cuáles son tus puntos vulnerables.
Por otro lado, al ceder, enseñamos al manipulador a conseguir su objetivo; tu acatamiento lo recompensa y cada vez que lo satisfaces con una acción, le haces saber que puede repetirla.
Poder y control
La manipulación emocional es una de las prácticas más utilizadas en las batallas de pareja. De forma inconsciente o voluntaria se exige a otra persona que actúe según los propios deseos o necesidades, utilizando los sentimientos como arma. Los celos, las amenazas, la exigencia, infundir sentimientos de culpa o incluso una actitud victimista, son algunas de las estrategias manipulatorias más comunes.
Pero, ¿qué existe detrás de la manipulación? Una búsqueda de poder y control ante la inseguridad que despierta la libertad de acción de otra persona. Con diferentes estrategias se intenta tocar alguno de sus puntos débiles para que en lugar de que se deje llevar por sus propios deseos, se ajuste a tus necesidades. De este modo, uno siente que lleva las riendas de la relación y eso aporta una agradable sensación de seguridad.
“En las parejas existe el tema de imponer y someter, es un juego. El que impone es el tirano, una figura de dominio y control en la pareja. El hombre busca satisfacer a la mujer pero puede llegar un punto en el que él ya no puede controlar lo que le da y ese control sobre la relación es una defensa”, explica.
Lógicamente existen diferentes grados de manipulación emocional. Algunos chantajes son inofensivos, otros son retorcidos y resultan destructivos. Ciertos individuos pueden llegar a tiranizar a la persona con la que conviven utilizando el desdén, la humillación, la crítica o la desvalorización. El abuso verbal puede ser una manifestación extrema de manipulación, en la que el objetivo es anular la autoestima de la otra persona. Se intenta rebajar y degradar al otro para sobresalir y compensar un gran sentimiento de inseguridad.
A menudo, no es fácil reconocer el chantaje emocional, dado que a veces está tan infiltrado en la relación, de manera que no te percatas de cuándo eres víctima de él ni cuándo lo empleas. Cuando la manipulación es constante o insidiosa, puede desgastar la pareja. Así, de la unión no se derivan ganancias, sino pérdidas, o sólo se enriquece uno de sus miembros, mientras que el otro resulta cada vez más empobrecido. Reconocer este juego de dominación es la única manera de desactivarlo.
El manipulador
“Los manipuladores tienen una personalidad obsesiva; buscan controlar todo, incluyendo a la pareja y los afectos. No quieren perder el control en este ámbito ya que es su manera de protegerse. También buscan destruir lo que tiene que ver con el deseo de la otra persona y buscan que la pareja cumpla lo que él demanda”, explica Barrientos.
De esta manera, los manipuladores emplean el miedo, la obligación y el sentimiento de culpa para lograr que hagas lo que quieren en vez de lo que deseas y te hacen sentir obligada a satisfacerlo y si no lo haces, sentirás remordimiento. Cuando obtienen lo que quieren, rodean a su pareja con una reconfortante intimidad. Asimismo, suelen dar a entender que se dañarán o deprimirán si no haces lo que pretenden.
La marioneta
Para evitar ser criticada o amenazada, la persona manipulada hará lo que el manipulador le pida con tal de eludir las críticas, alimentando así las acciones del otro y ayudándolo a mantener su actitud. En otras palabras, si el manipulador consigue lo que quiere con sus estrategias, está claro que las repetirá.
Para escapar de su extorsión emotiva y no volver a caer en su juego, debes entender cómo funciona la manipulación y enfrentarte y definir estrategias para cada situación.
Por lo general, la manipulación te hace sentir que estás en una situación que no tiene fácil salida. Si accedes a la petición, debes renunciar a tus propios deseos y necesidades, mientras que si no lo haces, aparecen sentimientos de culpa o miedo a ser rechazado o a que la otra persona se enfade. Analiza si alguna persona que consideras importante te amenaza con hacerte difícil la vida si no haces lo que quiere o te advierte que acabará con la relación si no accedes a sus deseos.
Asimismo, debes diferenciar una petición de una exigencia y para ello debes pensar qué es lo que estás sintiendo en presencia del otro. Si sientes culpa, miedo, inseguridad, asco, vergüenza… probablemente estás siendo manipulada. Normalmente en una relación buena de pareja, estas sensaciones negativas no se dan.
Por otra parte, el manipulador saca provecho de las culpas que siente su pareja.
“El sentirse continuamente culpable es propio de un tipo de estructura de personalidad que es muy común”, manifiesta la especialista.
Por ejemplo, si te sientas culpable de algo debes deshacerte de ese sentimiento ya que muchas veces, si un miembro de la pareja siente culpa, el otro se aprovecha de ello para evitar sentirse vulnerable y controlar la situación.
Quítate las pitas
Aprende a comunicarte debidamente para aclarar malentendidos o situaciones confusas. Las manipulaciones dejan de tener poder si las reconoces y expresas a la otra persona cómo te sientes. Si apelas a tus sentimientos, lo más probable es que tu pareja te comprenda y quiera poner de su parte para aclarar la situación.
En todo caso, cada uno decide si hacer de la pareja un campo de batalla o un lugar de encuentro y de cooperación basado en el respeto, donde no sólo uno gana sino los dos.
HERRAMIENTAS DE MANIPULACIÓN
* El castigo. Se amenaza, de manera directa o implícita, que si no se realiza lo que uno desea, habrá que atenerse a consecuencias.
* El autocastigo. En este caso, la amenaza va dirigida a dañarse a uno mismo para hacer sentir culpable al otro y así lograr sus objetivos.
* Las promesas. Se ofrecen promesas maravillosas a cambio de que se acate la propia voluntad, pero no siempre se cumplen.
* El silencio. Supone una manera fría de mostrar enfado, en que el otro siente que sólo si cede logrará mejorar el clima relacional.
* Chantaje. Un arma de manipulación por excelencia. En ocasiones dar u ofrecer cosas se utiliza para atar a la otra persona.
* Victimizarse. Es una exigencia disfrazada de sentimientos de lástima y culpabilidad para demandar lo que desea de su pareja.
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