Robótica, codificación y pensamiento creativo, un juego de niños

03/07/2017

Escuchar a una niña de 7 años hablar de Arduino o a un pequeño de 9 emocionarse con los mods de Minecraft no era algo que se diera hace años, afortunadamente hoy resulta más cotidiano, aunque eso no significa que deje sorprender.

Muchos niños ahora ya no hablan de lo bien que luce un carrito sino de cómo funciona o qué podrían hacer para modificarlo según su imaginación. ¿Muñecas? Prefiero jugar con mi computadora, dice una pequeña. ¡Este es otro tiempo!

Esteban Quispe, creador del Wall-E boliviano, Erika Mamani y Esmeralda Quispe, que construyeron un brazo hidráulico o  Leronardo Viscarra, el cochabambino que fabricó su propia mano robótica, son ejemplos que destacaron a Bolivia incluso en medios internacionales. Pero como estos, muchos otros y desde edades tempranas se van gestando día a día.

Rescatamos algunos de ellos en Cochabamba, Santa Cruz y La Paz.

COCHABAMBA

Elyn Maya Mamani

Dos trenzas hechas por su mamá decoran su pequeña cabeza, y sobre ellas están sus orejas de gato robóticas, que se mueven arriba y abajo. Su tierna voz explica con mucho ímpetu cómo funciona su creación.

Elyn Maya Mamani tiene 7 años y desde los 4 maneja la computadora. A los 5 comenzó a programar guiada por su papá, Edgar Mamani, estudiante de Ingeniería Electrónica de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

Él, ya con una familia tuvo que suspender sus estudios por cuestiones laborales, pero hace unos años los retomó y fue ahí que la pequeña conoció sobre cables y circuitos, mientras veía a su papá trabajar.

Elyn le pedía que le enseñe a programar y al ver su perseverancia accedió. Lo primero que él hizo fue buscar los instrumentos que los niños usaban en otros países ya que por su corta edad ella aún estaba aprendiendo a diferenciar números, a leer y escribir.

“La primera (herramienta) que le enseñe fue Scratch con Arduino”, señala el joven padre.

Elyn comenta que cuando miraba a su papá hacer sus trabajos para la universidad pensaba que era algo irreal.

“Para mí era magia”, dice sonriendo. Desde ese momento, no para de crear robots inspirados en sus aficiones como las muñecas y los gatos.

 

Rafael  Gonzáles  

Tiene 8 años y sus ojos vivaces resaltan mientras explica cómo programó el robot que construyó hace poco, en unos cursos que tomó.

Rafael quiere ayudar a las personas a través de artefactos mecánicos, como el corazón parcialmente mecánico que tiene su personaje de acción favorito, Iron Man.

Su madre Carmen  Umeres,  recuerda que él siempre preguntaba: ¿Cómo funcionará este juguete?, y su curiosidad lo ayuda a seguir desarrollando sus habilidades.

Antonio Ricáldez

A sus 11 años explica claramente cómo fue armando un robot móvil usando una placa plástica y la forma en que  atornilló cada uno de los componentes.

Desde muy pequeño, Antonio comenzó a jugar con cubos de Rubik y a resolverlos cada más rápido al punto que necesitaba  retos más grandes.

Un día vio en la televisión la invitación a un curso de robótica para niños, y desde entonces comenzó su afición por algo que hace con mucha alegría, ahora.

Nicoll Pereira y  Avril Jáuregui

Tienen 13 años, estudian juntas en segundo de Secundaria del colegio San Agustín de Cochabamba y además comparten a “Floppy”, su robot.

Ambas lo armaron y codificaron para que siga líneas negras guiado por un sensor y levante pequeños bloques de plásticos, durante su recorrido.

Las horas de su tiempo libre la dedican a esta pasión, que desean sea parte de sus vidas como profesionales.

Desde pequeñas ya tenían interés por crear. Nicoll recuerda que le gustaba jugar con piezas de Lego y muñecas, Una de sus metas es estudiar Antropología y desarrollar artefactos que ayuden en esta área.

Por su parte, Avril empezó a familiarizarse con la computadora desde sus cuatro años, recuerda que le gustaban los juegos de habilidad, además de las muñecas. Cuando habla sobre su futuro, comenta con una sonrisa que su objetivo es formar parte de la carrera de Mecatrónica.

Daniel Campos

Tiene 11 años y construyó un robot que colabora en el aprendizaje de las propiedades de la potenciación y radicalización. El trabajo forma parte de las actividades que realizan en el colegio San Agustín.

La pieza está elaborada con cartón y pequeñas luces, que se encienden según la opción de respuesta que se selecciona a los ejercicios matemáticos, que Daniel resuelve con anterioridad para conectar los cables con las palancas.

Desde pequeño le gustan los robots, de hecho uno de sus juguetes favoritos era una figura de la franquicia de Transformers, Optimus Prime. “Me gustaba fingir que estaba en el futuro”, recuerda.

Su afición por la tecnología la comparte con su hermano de 4 años, que ya está familiarizado con los celulares y tabletas.

SANTA CRUZ

“A veces preguntan cosas muy difíciles y yo tengo que entrar a YouTube para poder responderles, este es otro tiempo, los niños están muy avanzados”, dice entre risas Tania Jallaza, madre de Jorge y Ricardo Yuling,  de 9 y 11 años respectivamente, que viven en el mundo de la tecnología.

Desarmar juguetes, ser muy inquietos y curiosos, son las señales que dieron estos niños desde pequeños.

Ambos están interesados en temas de medio ambiente y enfocan sus proyectos en soluciones que puedan ayudar al planeta.

Gustavo Tantani, director de Tech Home Bolivia, donde se capacitan estos niños, explica la motivación que tuvo Ricardo con este trabajo, pues logró armar una maqueta  dónde mostraba cómo convertir energía mecánica en energía eléctrica.

A él le gusta mucho la robótica, pero piensa ser militar aviador "cuando sea grande".

Se nota el talento y la dedicación en cada proyecto que realizan.

LA PAZ

Ángel Valdez Miranda

Tiene 8 años y ve claro su futuro. “Quiero estudiar Informática”, dice contundente.

Desde pequeño, mostró interés en la computadora. Su madre Erika Miranda, recuerda que le gustaba mucho usar el mouse y era muy inquieto con la tecnología, siempre pedía que le instalen programas.

“Le va bien en el colegio le gusta que los otros niños igual aprenda como él. Les explica a sus compañeros. Tiene buenas notas”, asegura Erika, contenta de que su afición por el mundo digital no se oponga a su desempeño escolar.

Ha explorado varias áreas y desea un día hacer un videojuego inspirado en el medio ambiente, aunque ahora está motivado con la realización de vídeos para Youtube usando Camtasia Estudio. ¿Un potencial youtuber?

Reu Cruz Palacios

“Quiero ayudar a las personas enfermas, crear algo que les dé la posibilidad de hacer otras cosas más”, ese es el objetivo de Reu Cruz, un pequeño de 9 años que fascinado por la tecnología se inscribió en cursos de robótica, desarrollo de apps, Minecraft y ahora desarrollo web.

Jacqueline Palacios, su mamá, recuerda que le encantaban los rastis y que desde siempre él quería hacer algo productivo, crear, innovar.

Reu pudo crear su propia página web hecha en Atom pero todo es parte de un proceso. “Al principio es fácil, a veces se pone difícil, pero poco a poco se va a aprendiendo, hay que esforzarse para salir adelante”, afirma.

Sabe que quiere estudiar Informática y Electromecánica pero mientras llega ese tiempo ya está emocionado con seguir aprendiendo a través de cursos en línea más avanzados.

Edgar Barroso Moscoso

Tiene buenas notas sin estudiar y cuando hace algo en tecnología su entusiasmo se desborda como la primera vez que empezó a trabajar con Arduino, recuerda su padre Iván.

“Veía en internet experimentos, me hizo comprar probetas, tubos de ensayo y después adquirió más interés por la computación. Siempre le gustó desarmar las cosas”, asegura.

Su primer trabajo, un brazo robótico hecho con palitos de helado, llamó mucho la atención, pero él ya piensa en su próximo desafío.

“Es muy divertido y ayuda mucho”, dice Edgar quien tiene un sueño. “Ir al Tíbet por cuatro años a estar con monjes budistas y apreder otro tipo de cultura , ser feliz”. Está entusiasmado con eso, dice su padre.

Reu, Ángel y Edgar desarrollan sus capacidades en Elemental, un innovador programa de educación en tecnología que prepara a niños, adolescentes y jóvenes para la era digital a través de talleres de programación, robótica, desarrollo de videojuegos y modelado 3D.

Prepararlos para el mañana

Daniella García, fundadora y directora de Elemental está convencida de que hay que hacer un ajuste en la educación para que desde pequeños se empiecen a familiarizar con la tecnología y así resulte casi natural cuando se llegue a la universidad.

“La educación debería incluir el componente tecnológico como  algo primordial más aún porque se dice que en el 2030 el mundo va a ser manejado por los Millennials y la Generación Z y los trabajos van a ser tecnológicos. A los niños hay que prepararlos para ese futuro, lamentablemente la educación de ahora es muy para el presente”, asegura.

Por otra parte, Gustavo Tantani, director de Tech Home Bolivia, Escuela de Robótica y Tecnología Avanzada en Santa Cruz, destaca el interés de los niños en esta área, sobre todo robótica porque “ellos ven el funcionamiento del algoritmo reflejado en un foquito, un led, un monitor, y saben que lo que están haciendo con la parte de la programación se puede reflejar en un dispositivo físico”.

Tantani ha implementado una metodología de enseñanza denominada Cipede que significa comprender el problema, interpretar lo que tenemos y deseamos, plantear opciones, elegir una alternativa, desarrollar la solución y evaluarla.

Esta forma de trabajo le ha dado grandes resultados con los niños, adolescentes y jóvenes que participan de los talleres donde también se promueve la cultura del reciclaje en los proyectos. Ahora el objetivo es “llegar a las provincias y expandirnos con la robótica”, asegura.

 

Interés generacional

María René Torréz trabaja como docente en el colegio San Agustín en el área de tecnología y guía a más de 400 niños de diferentes edades.

Según explica, los niños más pequeños son los que más resaltan por sus cualidades y curiosidad. Ávidos de conocimiento, apenas conocen cómo realizar algún movimiento y ya quieren aprender a programar el siguiente.

Incluso muchos de los pequeños llegan a programar más rápido que un joven de tercero de secundaria.

“(Este ímpetu) no es porque les hayan inculcado en el colegio o en sus casas, si no que tienen interés en eso”, apunta Torréz y considera que es una cuestión generacional.

 

Más iniciativas

Maker Bolivia es un emprendimiento de un grupo de jóvenes estudiantes de la Facultad de Tecnología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

La empresa ya tiene 4 años en el mercado y su objetivo es brindar servicios en el área de tecnología, investigación, mecatrónica, robótica educativa entre otros.

En cuanto a sus cursos para niños, el coordinador académico, Luis Fernando Alanoca, señala que la mayor parte de los estudiantes que pasan clases con ellos es porque necesitan terminar sus proyectos de colegio.

Maker Bolivia trabaja con kits de la línea Lego Educaction, pero también arman robots con piezas recicladas.

Alanoca estima que con el tiempo la robótica “será más llamativa”, gracias a casos como el de Esteban Quispe, con robot Wall-E,  y el  brazo hidráulico  desarrollado por las niñas Erika Mamani y Esmeralda Quispe, quienes armaron sus robots desafiando a sus condiciones socioeconómicas.

 

Talento y motivación

El momento del juego es clave para observar las habilidades de los niños y los intereses que tienen.

El pedagogo y catedrático de la UMSS, William García, ejemplifica que  los niños “cuando juegan con autitos, juegan con robots o juegan con muñecas de repente tienen la necesidad de que estos juguetes puedan funcionar de manera automática, que se parezcan más al objeto real que representan”.

Las modificaciones que hacen los niños a los objetos, como volver a armarlos o cambiar la ropa de una muñeca para que se asemeje a algo que tiene en mente, “es la búsqueda de la perfección, del mejoramiento del  simbolismo. Va a sentir la necesidad de que funcionen las cosas como a él le gustaría. Esa es una buena señal”, detalla el especialista.

Si además el niño siente curiosidad por el funcionamiento de las cosas y comienza a señalar su interés por los robots o participar de algunos eventos en esta área” es el principal punto para descubrir que hay un talento o por lo menos  un interés que hay que fomentar”, apunta García.

Hay quienes piensan que no tiene nada de extraordinario crear un brazo robótico o desarrollar un videojuego aunque se tenga 10 años o menos, porque  de manera muy práctica hay todo detallado en internet y claro, en otros países eso es muy normal; pero en Bolivia no es una generalidad, por eso cada paso, cada pequeño proyecto cuenta y suma porque lo que en verdad importa es la motivación detrás y lo que se va construyendo para el futuro.

Por: Yvonne León y Fabiola Chambi

Fotos: José Rocha, Gerardo Bravo

Vídeos: Gerardo Bravo y Elemental