Es fatal: campesinos convertidos de sopetón en gobernantes tienen muchos problemas con el lenguaje, no sólo por sus imprecisiones sintácticas o fonéticas, sino sobre todo porque tienden a hablar demasiado, con primitiva sinceridad, y sin saber lo que es "políticamente correcto" o no lo es. Incurren en lo que comúnmente llamamos torpezas protocolares, terrorismo diplomático o metidas de pata porque ignoran el arte político de dorar la píldora para quedar bien con Dios y con el diablo.
En el mundo de hoy, lo "políticamente correcto" consiste en evitar la alusión directa con nuevas formas de lenguaje, recurriendo al circunloquio, a la perífrasis, al eufemismo o al empaque bonito de la palabra, del pensamiento y del sentimiento. Se trata suavizar las asperezas el vivir cotidiano politizando el lenguaje para mostrar una falsa preocupación por la igualdad en las relaciones cotidianas en nombre de una tolerancia que no existe: un viejo es un "hombre de la tercera edad", un inválido es un "discapacitado", un idiota es un "individuo con habilidades distintas", un gordo es alguien con "imagen corporal alternativa" y los reos son "clientes del sistema correccional". Este es el lenguaje de los políticos imbéciles, que podrían llamarse "minusválidos cerebrales".
Es el signo de la época: hoy no se puede llamar pan al pan y vino al vino, pues hay palabras o frases neutras que pintan un mundo ideal y falso, pretendiendo ignorar o eludir conflictos raciales, políticos, religiosos o sexuales. Vivimos un fetichismo o neocultura del eufemismo y de la impostura: los términos "black", "nigger" o "colored" son inaceptables para los negros norteamericanos, y lo "políticamente correcto" es llamarles "afroamericans". "Man" (hombre) tiene connotaciones machistas y se objeta como "sufijo" (?) de "woman" (mujer). El colmo: "history" (historia) se considera "políticamente incorrecto", creyendo que su elemento "his" viene del posesivo masculino de igual forma, y con el femenino correspondiente se ha acuñado una horrible palabreja "hertory". Grandes triunfos del feminismo norteamericano.
En este carnaval semántico, no se puede llamar a las cosas por su nombre, e inclusive los cuentos infantiles tienen versiones "políticamente correctas", escritas a veces con ironía: cuando el leñador levanta el hacha para matar al lobo feroz que había devorado a la abuela de Caperucita, ésta le grita indignada: "¡Alto, sexista antianimal! ¿Ignoras que las mujeres y los lobos podemos resolver nuestros problemas sin ayuda de los hombres"? En otro cuento clásico, la Princesa duda mucho antes de besar al sapo para convertirle en Príncipe: ¿no la acusarían de acoso sexual o de crueldad con los animales?
Lo "políticamente incorrecto" es el tabú de los pueblos primitivos, y sirve como presión social para amordazar la libertad de expresión, pretendiendo que todo anda bien y sin necesidad de coerción legal. En Estados Unidos, nadie habla del desprestigiado "capitalismo", sino de "modo de vida americano", y tampoco de "neoliberalismo", sino de "leyes del mercado" y de "oportunidades para todos". Esta demagogia lingüística empezó en Bolivia con la "revolución nacional" que exigía posturas igualitaristas: Víctor Paz llamaba "hermanos campesinos" a los indios, "trabajadores gastronómicos" a los mozos, "trabajadores del volante" a los chóferes, y hasta los revolucionarios más mojigatos llamaban "trabajadoras sexuales" a las prostitutas.
Los indios hoy se llaman "originarios"; pero no le dan vueltas al lenguaje, cosa muy perjudicial en política.