Algunos políticos tienen una extraordinaria capacidad para decepcionar a los ciudadanos. Para su suerte, los ciudadanos tenemos una pésima memoria para recordarlos y, por eso, son capaces de reconquistar apoyos para volver a decepcionarnos.
Los nuevos contratos, que parecen haber festejado silenciosamente las compañías petroleras, han provocado una ola enorme de comentarios y opiniones.
Personalmente me sentí sorprendida, y decepcionada, claro, por lo que dijeron el Senador Walter Guiteras y el prefecto beniano por un lado, y el vicepresidente Álvaro García Linera, por otro.
Guiteras, a propósito de los contratos, dijo que "este gobierno nos ha devuelto la dignidad". Y Suárez, en similar sinceridad aunque más clara, dijo que el Presidente demostró que "lo único que hacía falta era tener ciertas cosas bien puestas y parársele a las petroleras".
Las notas periodísticas, ambas de la oficialista ABI, no dicen si el Senador y el Prefecto se sonrojaron o no al dar sus declaraciones, ya que ellas equivalen a reconocer que en su anterior paso por el gobierno perdió el uno la dignidad y el otro las cosas que ahora valora. Penosa confesión la de ambos caballeros, que algo querrán ganar con sus caricias verbales.
Lo de García Linera es menos bochornoso pero igualmente sorprendente y decepcionante. En una entrevista con La Prensa dijo que el dinero del gas "no lo podemos derrochar sólo en obras sociales" sino que hay que crear industrias. Como un tecnócrata apto para aquellos gobiernos militares que querían desarrollarnos a sablazos, nuestro Vice define al gasto social como un derroche. ¿Que le parece? Los neoliberales, acusados de insensibles, insistieron sin embargo que salud, educación y asistencia social eran inversiones, de lento pero seguro rendimiento, y por eso se deshicieron de empresas en crónica quiebra para dar más dinero a obras sociales.
A propósito de esto último, yo pensaba aplaudir ese bonosol de alasitas que entregarán en homenaje a Juancito Pinto. Pero con lo que dijo el Vice, no es más que una limosna que "derrocha" ese nuevo rico que es el Estado. Disculpe usted, pero estas revelaciones me entristecen y asustan, al mismo tiempo.
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