La mal llamada "nacionalización de los hidrocarburos" puede anotarse como un buen tanto para Evo Morales y sus muchachos. Contrariamente a los pronósticos de una guerra con las petroleras, todas han ido aceptando los nuevos contratos-marco. La "letra chica" aún se desconoce. El Gobierno ha demostrado tenacidad en la prosecución de su objetivo. Y ya tintinea en sus orejas una lluvia de millones con los que promete cumplir programas sociales y de desarrollo.
No obstante, de acuerdo a informantes solventes, si bien las petroleras de menor volumen han firmado los nuevos contratos sin dificultades, las mayores lo han hecho a regañadientes. Los casos más notorios son la brasileña Petrobrás y la hispano-argentina Repsol YPFB. Precisamente para esto vinieron a La Paz, el ministro de Energía brasileño, Nelson Hutchen, y el Vicecanciller para Asuntos Exteriores español Bernardino León, para dejar entender que el cambio de los contratos se aceptaba, no por razones empresariales sino por "insinuación" política de sus gobiernos. Las empresas, por sí mismas, hubiesen resistido incluso recurrido a los tribunales, tal como lo habían repetido con anterioridad. Brasil firmó por razones de buena vecindad y España (léase Repsol) por motivos histórico-políticos que todavía se valoran en la Península.
Bolivia va a percibir sumas importantísimas. Bienvenidas. Pero sin ser mal pensado, existe el temor de que una parte sustancial de las regalías, del Impuesto Directo a los Hidrocarburos y de otras gabelas provenientes del negocio gasífero, se desvíen al despilfarro propio del nuevo rico, sobre todo, si es político con un dominio casi total del país. E incluso vayan a llenar los bolsillos de algunos avivados que nunca faltan. Mucho antes de que se concretara la renovación de los contratos que engrosarían los ingresos del fisco, gremios, regiones, municipios, y un sinfín de entidades ya habían reclamado una parte del pastel. ¡La gran repartija!
Otra amenaza en ciernes es el impúdico propósito del MAS de tomar por asalto todos los puestos públicos. Así lo han anunciado los dirigentes del partido, al grito revolucionario de, ¡Ya nos llegó el turno! Muchos "peguistas" son ineptos para las tareas que pretenden desempeñar. Y van a desmantelar lo que se adelantó en la institucionalización de la función pública. Numerosos funcionarios que ganaron sus cargos por méritos profesionales, ya han sido despedidos. Volvemos pues al prebendalismo que tan malos resultados ha dado al país. Recordemos también que YPFB fue la mamadera de los gobiernos (y el partido) para tapar los fallos de su administración deficiente.