La irracionalidad de la cúpula de los vecindarios de la ciudad de El Alto ha llegado al extremo de plantear la organización de un monstruoso ente para sustituir a la empresa Aguas del Illimani en la distribución del líquido a sus barriadas y a la sede de gobierno, luego de haberle torcido el brazo a éste logrando un decreto que dispone el rompimiento del respectivo contrato.
Así, se propone que la "compañía" reemplazante esté conformada por una Asamblea de Representantes Distritales y Municipales, integrada por 25 alteños, 25 paceños y ocho delegados de las dos alcaldías, además de una presidencia rotativa también de ocho personeros, una gerencia operativa y tres gerencias de área, sin haberse precisado el número de quienes ejercitarán el "control social", ni cuánto percibirá semejante estructura burocrática por concepto de sueldos, dietas y otros previsibles.
No todo queda ahí. Según el líder de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto, esta institución pedirá un crédito del Banco Mundial, dando por descontado que su engendro será "confiable y transparente", al parecer en virtud de que los municipios involucrados en el problema advirtieron que no asumirán el rol de herederos del consorcio en vías de expulsión, precisamente por carecer de recursos financieros.
Entretanto, una declaración del Superintendente de Servicios Básicos sobre la situación y el desempeño del Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Semapa), causó revuelo en Cochabamba, donde no sólo se rechazó lo afirmado por el funcionario, sino que se anunció serie de lindezas para esta gestión gracias a la "guerra del agua" del año 2000, que habrá que ver si se concretan.