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Familiares despiden almas de difuntos con mesas rituales |
| 02-11-2006 - 19:03 h. |
| La Paz | EFE
La mayoría de los camposantos de Bolivia estuvieron hoy plagadas de rituales y elementos simbólicos para despedir a las almas de los difuntos que, según la creencia, partieron al "más allá" tras 24 horas de estadía en el mundo de los vivos.
Desde muy temprano, la población se aprestó a rendir homenaje a sus fallecidos mediante ofrendas en los nichos de los cementerios, especialmente engalanados para la ocasión.
La tradición versa que las ánimas de los muertos descienden a la tierra el 1 de noviembre para acompañar a sus seres queridos hasta el mediodía del siguiente, cuando emprenden el viaje de regreso.
Para complacer al ánima durante su estancia, sus allegados preparan una mesa en la que disponen el retrato del difunto, flores, golosinas y los manjares que éste apreció en vida.
En esos altares se depositan, además, las acostumbradas masitas de pan elaboradas exclusivamente en esta fecha y caracterizadas por su arraigada simbología, explicó Janeth Corico, una de las vendedoras apostadas en las puertas del cementerio de La Paz.
Así, las "thantawawa" o muñecas de pan adornadas con caretas, representan al difunto; el caballo "va cargado con todos los regalos" que el fallecido recibe y la escalera sirve para sortear los obstáculos que éste encuentre en su camino y "suba al cielo".
Las mesas se suelen coronar con cañas de azúcar, que son usadas por el espíritu a modo de bastón durante su camino de retorno.
Los nichos lucían hoy todo tipo de flores, entre las que destacaban el clavel, el jazmín y el gladiolo, los más comunes en los arreglos.
Las ofrendas no ignoraron, en vasos pequeños, la bebida y el cigarrillo preferido del fenecido.
La despedida y desarme de la mesa estuvieron precedidos por rezos y cánticos de inspiración religiosa y popular, a cargo de los adultos, a la vez que los niños añadieron la música.
A los oradores, quienes deambulan por los cementerios a la espera de que alguien requiera de sus servicios, se les paga con los obsequios de la mesa.
La familia del difunto se encarga de repartir los presentes y, a veces, obsequian con una propina a los "rezadores", mientras no pocas bandas de música alegran el momento.
Según la oradora Ana María Cuevas, "muchos somos gente pobre" que estos días aprovecha para hacerse con algunas golosinas y masitas que no pueden consumir generalmente.
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