Hasta entrada la tarde de ayer, no hubo señales de una probable solución a la huelga de hambre de los consejeros departamentales afines al Movimiento al Socialismo, en demanda de modificaciones al presupuesto de la Prefectura del Departamento para la próxima gestión.
El trasfondo del conflicto, sin embargo, es político, según palmaria confesión del dirigente local de aquel partido, para el que la presencia de Manfred Reyes Villa a la cabeza del gobierno regional resulta sencillamente inaceptable.
La autoridad, sin embargo, fue electa por votación popular para desempeñar sus actuales funciones, realidad que los representantes del esquema en ejercicio del mando nacional pasan por alto de manera deliberada.
La huelga de hambre, por lo demás, parece el último recurso de un plan masista destinado a lograr el alejamiento del Prefecto con indicios de vieja data.
Lo lamentable de la situación radica en que está generando una división de la sociedad entre los que persiguen ese objetivo y los defensores de la legalidad, o si se quiere entre la ciudad y el campo, en vista de que los primeros representan a las provincias.
Es tiempo de que prime la racionalidad y que los partidarios de la violencia hagan conciencia del daño que sus intereses sectarios causan a la vida institucional de Cochabamba.