En Bolivia se han realizado 17 Asambleas Constituyentes y la que pretende cristalizarse parece que sumará sólo un número. Se apunta a que no sea de transformaciones, sino sólo de reformas, cambios de ropaje. Más allá se pretende mantener el sistema político. Esta intención está clara en la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente en la que los resabios del colonialismo, los congresistas de Podemos, lograron introducir artículos limitantes.
Se busca mantener la división política del país, vale decir departamentos, provincias y cantones. No se acepta ningún cambio ni siquiera la creación de nuevos departamentos, como los del Chaco o de Chayanta. Tampoco se quiere cambiar las estructuras de los poderes Judicial, Ejecutivo y Legislativo. En los aspectos de identidad se señala que se mantendrá el nombre, el himno y la bandera. En suma, al parecer será una Constituyente más.
Otra cosa hubiese sido responder a la demanda del pueblo de que se realice una Asamblea Constituyente originaria. La idea era empezar de nuevo, desconocer lo que ha habido desde 1825. Recordemos que la primera Asamblea Constitutiva de ese 6 de agosto sólo formalizó la prosecución de la época colonial. Se retransmitieron los poderes coloniales a la nueva república. Los 48 asambleístas reunidos en Sucre decidieron mantener las políticas colonialistas contra el indio.
Ahora la oportunidad está aún dada para que la Asamblea Constituyente se convierta en originaria. Se puede lograr que los pueblos indígenas sean partícipes. No hay otra salida. Pese a que el Instituto Nacional de Estadística señala que el 62 por ciento de la población boliviana es indígena, los hechos nos señalan que esta cifra supera el 90 por ciento y esa realidad no puede ser ignorada.
Por ello, urgen cambios históricos en favor de los verdaderos dueños de este territorio. No podemos mantener ni siquiera el nombre de este país ni ninguno de sus símbolos. No podemos cantar un himno importado de Italia, no podemos organizarnos según códigos napoleónicos, no podemos vivir bajo una reforma educativa que impone la educación pagada y por lo tanto discriminadora, no podemos mantener una estructura militar clasista y racista. Debe cambiar todo.
Esperemos que los asambleístas disipen las sombras que presagian que no habrá cambios. Ojalá aprovechen que esta Asamblea es la primera que se convoca desde un gobierno civil y que luchen por otro país con las bases indígenas, mestizas e incluso criollas. De lo contrario ésta será la Asamblea 18 y luego vendrá la 19 y la 20. Como siempre, la oligarquía la utilizará para refortalecer sus gobiernos.
Esta Constituyente no debe ser derivada. De ser así será intrascendente y durará menos de tres meses. El Gobierno debe tomar cartas en el asunto y hacer de que la Asamblea no sea la 18, sino la uno, la última y determinante para la existencia de los pueblos indígenas, para los mestizos y los criollos.
Varios de los articulados de la Ley de Convocatoria y el sesgo en la pregunta del referéndum autonómico señalan que no está destruido el sistema neoliberal. Se habla de ciudadanos poniendo por igual a croatas, estadounidenses y extranjeros con los indígenas. Las circunscripciones no responden a los modelos de organización indígena. ¿Por qué no se convocó con base en lo nuestro?
Países como Irán o Afganistán han organizado asambleas constituyentes con base en tribus, pueblos y comunidades. Ése era el camino. Sin embargo, la responsabilidad de reencontrarlo no solamente recae en el Gobierno. En el actual contexto nacional el pueblo debe ir a votar para impedir que la representación oligárquica consolide los desvíos que se pretende imponer y avanzar hacia las grandes transformaciones".