Y como era lógico, se eligió un teatro para escenificar el fin de la comedia. Todos los adornos de la palabrería democrática, resultaron parte de un decorado destinado a disimular la intención totalitaria. El jueves en la noche, los constituyentes se enteraron de que sólo algunos son los actores principales y los demás son extras. Ante la duda de alguno en la lectura del libreto oficialista, tuvo que acudir el apuntador --don Álvaro García Linera-- que, surgió en el proscenio y repuso el libreto original.
¿Quién les había contado el cuento de que la Constituyente era el espacio para discutir? Y, claro, los que creyeron ese cuento, no sabían que la enseñanza de don Hugo Chávez a don Evo Morales es muy sencilla y muy clarita: "Hermano, la constituyente no es para discutir, ¡es para imponer!" Y a los que siguieron creyendo cuentos, les avisaron, sin anestesia, que la comedia terminó.
Eso sí, el gobierno --porque la Asamblea Constituyente sólo era carta del gobierno-- tendrá que asumir todas las consecuencias que sufren los que venden entradas con trampa. Vendió localidades para presenciar una gran pelea y, como en los mejores tiempos de la lucha libre, resultó que había tongo. Que se sabía quién tenía que ser el ganador, que las caídas del adversario eran fingidas, y que la indiscreta presencia vicepresidencial puso en evidencia el carácter tramposo del espectáculo.
Cierto, algunos del MAS se equivocaron y pensaron que se podía llegar a esos versos del consenso, los acuerdos, el intercambio de ideas y pareceres, mucho más si estaban tratando, nada menos, ¡que de la mismísima refundación del país! Naturalmente, llegó la orden de arriba y, sin ningún disimulo, se les recordó a los constituyentes masistas que estaban en ese precioso teatro, no para discutir, ¡sino sólo y exclusivamente, para levantar la mano!
Y como me puedo contar entre aquellos que jamás creyó en el referéndum tramposo, y jamás tuvo la menor de las dudas sobre la farsa constituyente y menos sobre la posibilidad de refundación de país, puedo darme el gusto de un esbozo de sonrisa ante el ridículo de la pretensión de imposición.
Y que no me cuenten el otro cuento de que los chuquisaqueños furiosos que se manifestaron los últimos días eran instrumentos de la oligarquía. Una de las cosas que muchos gobiernos no asumen y que en particular éste no asume, es que no se puede pasar todo el tiempo tratando de explicar todo con el mismo discursito de la oligarquía. Y todos los gobiernos tienen que admitir que cuando se la pasan hablando huevadas, ¡la gente termina cabreándose de las huevadas!
Y también tienen que aceptar que cuando se abre el grifo de la fuerza es muy difícil saber quién va a tener la posibilidad de cerrarlo. ¿No fue el gobierno, el propio Presidente de la República, quien llamó a los movimientos sociales a trasladarse a Sucre "para presionar" a los constituyentes? Lo que no sabía el Presidente es que son muchos los que pueden movilizarse, ¡y que los chuquisaqueños habían sido medio fregados! Por lo demás, ¿para qué tanto llamado y tanto gasto movilizando a tanta gente, si era suficiente el grito de atención de don Álvaro, como nunca tan protegido en medio de la rechifla popular?
Es bueno que se termine la función. Cayó el telón y cayeron, con la vieja cortina de ese teatro, los intentos de farsa mal actuada. Se puso en evidencia la poca calidad de los actores, pero se descubrió el guión, el verdadero, el guión totalitario ¡Se acabaron las entradas con trampa!