Habiendo reflexionado en Judas Iscariote el domingo pasado, recordando su "evangelio" publicado por la revista National Geographic hace cuatro meses, vale la pena reflexionar en otra figura bíblica, María Magdalena, recordando su mención en la cinta El Código da Vinci hace tres meses. El Nuevo Testamento presenta dos personajes femeninos de primera categoría, y ambos tienen el nombre María: la madre de Jesús y la discípula de Jesús. Hay una escena en el evangelio marcano en que es posible pensar que aparecen juntas. El texto: "Había también [en el Calvario] unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé" (Marcos 15:40).
María Magdalena es bien conocida. Salomé es tal vez la esposa del pescador Zebedeo (Mateo 27:56). ¿Y la otra María? En el mismo evangelio marcano está la escena de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, donde los presentes reaccionan negativamente, diciendo: "¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón?" (Marcos 6:3). Comparando ambas escenas parecería que la figura central de los dolientes en el Calvario es la Madre de Jesús, y que dos de sus hermanos también son nombrados. Hay que añadir de inmediato que el evangelio de Marcos no conoce la tradición de la virginidad de la Madre de Jesús, que es transmitida sólo por Mateo 1:25 y Lucas 1:36.
Para muchos cristianos la idea de que María Madre de Jesús y María Magdalena fueron amigas es muy atractiva. Son las dos mujeres principales en el evangelio de San Juan. La Madre aparece en la Boda de Caná y en el Calvario. Magdalena aparece en el Calvario y en la Tumba. Ambas amaron a Jesús con todo su ser. Ambas fueron amadas por los cristianos desde el primer siglo. Y es posible pensar que ambas fueron amadas por Jesús por encima de todos, incluso por encima de los Doce. La escena joánica de la Tumba vacía es famosa. Magdalena lloraba pensando que alguien robó el cadáver y Jesús se manifiesta a ella pronunciando su nombre: "¡María!" Cuando Magdalena lo reconoce exclama: "¡Rabbuní!", que significa "Querido Maestro". Y el Resucitado le da una misión: "Anda a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes" (Juan 20:17). Así, Magdalena es la primera persona enviada para proclamar la resurrección; es decir, la primera que es apóstol del Resucitado.
María Madre de Jesús es venerada por todo el mundo cristiano. Incluso la respetan las comunidades que no la aceptan con el entusiasmo de los católicos y los ortodoxos. Pero no ha sucedido lo mismo con Magdalena. En parte, por algunos textos bíblicos mal interpretados. La única escena evangélica en que ella aparece durante la vida pública de Jesús está en Lucas 8:2, que indica que Jesús la liberó de siete demonios. Esto significa que la sanó de una grave enfermedad, ya que en ese tiempo se creía que todas las enfermedades eran posesiones por malos espíritus. También se la identificó con la pecadora pública en Lucas 7:37, lo que es errado. Tampoco fue la hermana de Lázaro, que en Juan 12:3 ungió los pies de Jesús. El machismo que a veces campea en algunas comunidades cristianas trató de oscurecer su imagen en la historia pero no lo ha logrado. Magdalena fue, sencillamente, la mejor amiga de Jesús.
Este año 2006 la figura de Magdalena se hizo famosa por la novela y el film "El Código Da Vinci" de Dan Brown y Ron Howard, respectivamente, con una interpretación extraña de la relación entre Jesús y Magdalena. Brown dice en su libro que ella fue la esposa de Jesús, interpretando en forma interesante pero errónea el cuadro de la Última Cena de Leonardo Da Vinci. La figura que está al lado izquierdo de Jesús, por cierto de apariencia femenina, es gratuitamente considerada, en la novela y en el film, como la prueba de ese matrimonio. Pero si Magdalena hubiera estado presente en la celebración pascual, es seguro que también habría estado la Madre de Jesús.