La Constituyente sufre el primer gran remezón, y si los actores que la componen y quienes han venido metiendo su mano en ésta, sobre todo el Gobierno, no recobran la cordura, la Asamblea podría naufragar.
Antes de que el MAS fuera gobierno, uno de los principales defensores del pluralismo y la incorporación de las minorías era Álvaro García Linera. Después de que ese partido ganara las elecciones presidenciales con el 53,7% y luego los comicios constituyentes con 137 asambleístas, el discurso pareció languidecer.
La reacción de la oposición en la noche del jueves y la madrugada del viernes mostró que el MAS pretendía pasar por encima de las demás fuerzas políticas. Se armó el escándalo. Gritos, golpes sobre los curules con latas y botellas, empujones, chicotazos y la caída de Román Loayza, ahora delicado de salud.
El MAS igual logró imponerse con 139 votos y aprobó que la Constituyente sea originaria, además de dar luz verde a la mayoría absoluta para la aprobación de los artículos de la ley de leyes. La situación se complica porque difícilmente la oposición se quedará de brazos cruzados para ver desde el palco hacer y aprobar la Constitución a gusto y medida del MAS.
Si la oposición se replegara o incluso luego renunciara a la Constituyente, la Asamblea podría fracasar porque el país no quiere ni espera una Carta Magna fruto únicamente de una visión de mundo.