París | Ap.- El presidente francés Jacques Chirac pidió ayer serenidad y mano firme luego de seis noches de disturbios en las afueras de París, donde reina, dijo, una "situación peligrosa".
"Hay que aplicar la ley con firmeza y en un espíritu de diálogo y respeto", dijo Chirac en una reunión de gabinete.
La violencia, provocada inicialmente por la muerte de dos adolescentes, puso al desnudo la desesperanza, la furia y la delincuencia arraigada en los suburbios pobres, verdaderos guetos donde la policía es renuente a entrar aunque existen pruebas de que son terreno fértil para el extremismo islámico.
Los disturbios, que se extendieron a por lo menos nueve poblaciones de la región de París, han provocado
divisiones en el gobierno mismo. El ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, aspirante a la presidencia en las elecciones de 2007, ha recibido fuertes críticas por sus palabras duras y la violencia policial.
La policía antimotines disparó balas de goma a pandillas juveniles en Aulnay-sous-Bois, uno de los suburbios más afectados, donde 15 autos fueron incendiados, dijeron las autoridades. Los jóvenes lanzaron bombas incendiarias Molotov a un edificio municipal y arrojaron piedras al cuartel de bomberos. No estaba claro si hubo heridos.
Los disturbios también han renovado el debate sobre la incapacidad de Francia para asimilar a millones de inmigrantes, muchos de ellos pobres y desempleados, atrapados en complejos de viviendas en mal estado, dominados en muchos casos por bandas de traficantes de drogas y artículos robados.
Chirac reconoció las "profundas frustraciones" de los vecindarios, pero dijo que la violencia no es remedio y se la debe combatir.
"Las zonas sin ley no pueden existir en la república", dijo el jefe de estado al gabinete, en declaraciones transmitidas a la prensa por el vocero Jean-Francois Cope.