Era mediodía de ayer. Todos rezaban y rendían tributo a los suyos. De repente, todas las "mesas" preparadas sobre las tumbas son revolcadas o "derrumbadas" como llaman los mismos dolientes.
Según los dolientes del mosoj aya (nuevos), el precio para volcar la mesa consisten en, aproximadamente, 20 padrenuestros con sus avemarías. Una vez concluida esta cadena de rezos, los penitentes pueden llevarse los productos en memoria del difunto y volcar, literalmente hablando, la mesa sobre la tumba.
Según cuentan, esta costumbre varia en cada región. En el valle bajo, la persona encargada de dirigir los coros se viste de negro para que los familiares del difunto, chicote en mano, lo hagan corretear. En el valle alto, todo el grupo de rezadores se viste de blanco para transportar de la tumba todo lo que no sirve y echarlo en uno de los ríos más próximos.
"Es otra de las tradiciones y costumbres que todavía se mantiene en Cochabamba", señaló Domitila Rojas, del municipio de Cliza.