La otra noche asistí a un baile de brujas en las cercanías de la calle Uyustus donde mi amiga Vernaculita tiene un penthouse en el edificio Mamani Vice. Previamente, solicité la licencia respectiva llamando mi esposa quien me la concedió de muy buena gana pues ella no cree en brujas ni fantasmas, y no sabe lo que es halloween.
Me vestí con una túnica negra, cubriendo mi rostro con una máscara en la que estaba pintada una calavera, monté en una escoba y aparecí en el penthouse de Vernaculita dispuesto a divertirme con seres fantasmales que supuestamente habían vuelto a la Tierra escapando de los infiernos y en uso de una libertad provisional con motivo del día de los difuntos.
Vernaculita había decorado su apartamento como si fuera la casa del espanto pues parecía una gruta del Averno custodiada por un dragón que echaba fuego por la boca, lo que me causó mucho miedo, sintiendo tentaciones de no ingresar a la cueva, pero la anfitriona salió a recibirme y me dijo: "no tengas miedo, Paulitoy, y entrá nomás porque nada malo te podrá suceder estando yo contigo".
Como todos los invitados llevaban máscaras terroríficas no pude reconocer a nadie ni nadie reparó en mí hasta que una bruja se me acercó y me dijo: "a ti te conozco y esta noche te llevaré al infierno para presentarte a algunos de mis amigos del MAS" y lanzando un grito de horror me llevó a otro sector de la gruta, mientras yo trataba de zafarme de sus brazos pidiendo auxilio y respeto a mis derechos humanos.
Mis llamadas de auxilio fueron escuchadas por Vernaculita quien acudió en mi ayuda y me dijo: "no te asustes, Paulito, porque todo es un juego, y nadie te hará daño por lo cual yo iré contigo a la cueva de los masistas".
Allí se hallaban algunos amigos del Evo aunque el jefe no estaba en esa fiesta del halloween pues había viajado a la zona del Chapare para organizar un bloqueo de caminos si empeoraba el problema de los escaños. Alguien me dijo. ³yo no sé para qué organizar un bloqueo en el camino a Santa Cruz si el río se ha llevado un puente y el tráfico se halla interrumpido².
Siempre en plan de juego y diversión fantasmagórica, me dieron unos cuantos chicotazos suaves, mientras algunas cholitas disfrazadas de meigas me propinaron unos pellizcos en el tafanario, mientras bailábamos protestando por haber incorporado a nuestros festejos una tradición norteamericana, como si en Bolivia faltaran motivos para farrear, bailar y mover los esqueletos.
También vi en esa fiesta de halloween a Tuto Quiroga, lo cual no me sorprendió porque él estudió en los Estados Unidos y allí se casó con una gringuita, y también vi en otra cueva infernal a Samuel Doria Medina quien me invitó una hamburguesa Burger King que estaba muy rica.
Una emocionante fiesta de brujas, pensando en que hasta la Navidad ya no tendremos más fiestas, salvo una a la que suelen llamarla ³una fiesta democrática² que ojalá pueda realizarse.