Lima | Efe.- Alrededor de medio millón de personas visitaron el cementerio "Nueva Esperanza" de Lima, uno de los más grandes de Perú, para rezar ante las tumbas de sus parientes fallecidos, acompañados de cerveza, bailes y música.
El "Día de los Santos", que se celebró en Perú, fue aprovechado por los limeños para visitar a sus seres queridos en este cementerio de 64 hectáreas de extensión, en el distrito de Villa María del Triunfo de la capital.
Los administradores del campo santo aseguran que en él hay 100.000 tumbas desde su fundación en 1960.
En el exterior de este populoso cementerio, ubicado a dos horas del centro de Lima, las pistas de acceso se atiborraron de vehículos.
En uno de los "micros" (autobuses) llenos de gente, viajaba Pilar Dueñas, de 34 años, con un par de velas blancas para encenderla en la "Cruz Mayor", que se encuentra en la entrada del cementerio.
En ese lugar se reúnen los fieles, que no tienen a un pariente enterrado en el cementerio, para compartir una oración.
"Señores ya pueden estar bajando", anunció el cobrador del autobús antes de llegar a su destino, pero los pasajeros le respondieron con gritos y actitudes ofensivas.
Sin embargo, Pilar se bajó para darle un "significado de sacrificio a la caminata restante", según dijo a EFE. La mujer encendió las velas en la "Cruz Mayor" para honrar la memoria de su padre fallecido y luego se tomó un vaso de "chicha de jora" (una bebida de maíz) que le costó 18 centavos de dólar.
El cementerio es una gran explanada rodeada por cerros cubiertos por tumbas adornadas en su gran mayoría por piedras pintadas de blanco.
Entre los empujones de la gente y los vendedores ambulantes, un hombre le ofreció a Pilar grasa de tortuga mentolada en lata, pero Pilar se negó a ser la compradora número 31.
Más adelante, el puesto de venta de cruces de Irma Occ ofrecía a sus compradores acceder de manera fácil entre los colores blanco y negro. "He vendido hoy 4 blancas y 10 negras", confesó.
Al lado de las cruces se vendían vinos calientes de "Moscato" al lado de una tumba del siglo XIX, y que según su dueña, Elizabeth Dueñas, le "faltan los dedos para contar los tragos vendidos".
La doctora Ibeth Mendoza, de la estatal Defensa Civil, informó a EFE de que hubo ocho niños extraviados y otros cinco con cortes y caídas.
Una niña cayó en uno de los cerros del pabellón "Virgen de Lourdes" y tuvo que ser transportada al hospital más cercano con algunos hombres ebrios que se tambaleaban mientras ofrecían cantos asus fallecidos.
Entre las orquestas que se prestaban para brindar su música a los visitantes, se escuchó la música típica de la provincia de Grau, del departamento de Apurímac y el huayno de Puno "wakataki".
Venimos todos los años a ganarnos unas monedas por tocar a los muertos", dijo a EFE Juan Ramón Pumacahua, director de la orquesta.