El cada año más acentuado carácter provinciano que adquiere la recordación del Día de Difuntos es prueba del proceso de ruralización que experimenta la ciudad por causa de la afluencia de corrientes inmigratorias tanto del interior del mismo departamento de Cochabamba, cuanto de otros distritos del país.
El Cementerio General y los de la periferia, en efecto, se convierten durante esa jornada en creciente escenario de manifestaciones de las culturas ancestrales para honrar a los muertos, trasladadas paulatinamente a la capital en vez de quedarse en los lugares donde se originaron y hasta tender a desaparecer o pasar al olvido con el tiempo, como es lo usual.
Tan es así que la Alcaldía de Cercado repuso -- al parecer en gesto demagógico o quizá a instancias de algún sector de la sociedad-- una autorización para la introducción de viandas al campo santo aledaño a la colina de San Sebastián que había sido suprimida años atrás por desvirtuar, consumo de bebidas alcohólicas de por medio, la esencia de la fecha dedicada a los muertos.
Los inmigrantes de todo tiempo y particularmente los de la debacle minera de 1985, tienen desde luego familiares enterrados en Cochabamba a los que anualmente recuerdan con sus usos y costumbres, en un fenómeno inevitable pero que no deja de llamar la atención, al punto de haber saltado como nunca esta semana a los más privilegiados espacios de los medios de comunicación.
Lo deplorable del caso, que se observará también aunque de otra forma en las próximas elecciones, es el abandono del campo y, por ende, de la agropecuaria imprescindible para la sobrevivencia de la población.