En mi nuevo libro The End of Poverty ("El fin de la pobreza") muestro cómo se puede acabar con la pobreza extrema en 2025, pero sólo si el mundo rico cumple hasta el final su promesa de ayudar a los países más pobres. Para prosperar y para fomentar la inversión del sector privado necesaria para lograr el crecimiento a largo plazo, una economía necesita unos sistemas educativo y sanitario que funcionen, inversiones en nutrientes del suelo y gestión del agua e infraestructuras básicas, como, por ejemplo, la electricidad y el transporte motorizado. Sin embargo, los países más pobres, incluso los bien gobernados, carecen de recursos para financiar esas inversiones.
La falta de asistencia exterior suficiente es una de las mayores desgracias en nuestro planeta y los Estados Unidos han sido el país más rezagado al respecto. Es urgente que los EE.UU. tomen conciencia de las realidades mundiales y cumplan hasta el final sus compromisos.
La promesa más famosa de los países ricos ha sido la de prestar a los países pobres una ayuda equivalente al menos al 0,7 de su PNB. Dicho compromiso se remonta a 1961, hace 44 años, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el objetivo de que la asistencia extranjera aumentara en gran medida "a fin de llegar lo antes posible al uno por ciento de las rentas nacionales combinadas de los países económicamente avanzados". En aquella época, la asistencia exterior ascendía al 0,5 por ciento, aproximadamente, de la renta de los países ricos.
Pese a las promesas, la ayuda siguió disminuyendo. A comienzos del decenio de 1990, la ayuda oficial para el desarrollo seguía ascendiendo al 0,33 por ciento, aproximadamente, del PNB de los donantes y al comienzo del decenio de 2000 había disminuido hasta el 0,22 por ciento del PNB. Ahora asciende al 0,25 por ciento del PNB, aproximadamente. Pero, pese al descenso a largo plazo de la proporción del PNB dedicada a la ayuda, el mundo rico no dejó de prometer una y otra vez que llegaría al 0,7 por ciento del PNB, entre otras ocasiones en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992, y la Cumbre de Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en 1995.
Al comienzo del nuevo milenio, los dirigentes del mundo se reunieron para aprobar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el compromiso mundial de reducir la pobreza a la mitad en 2015. Para cumplir esos compromisos, los dirigentes del mundo, incluido el Presidente de los EE.UU. George W. Bush, volvieron a reunirse en Monterrey (México) para aprobar el Consenso de Monterrey sobre cómo lograr el gran avance para salir de la pobreza. La presencia personal de Bush resulta notable, porque los países ricos aprobaron una vez más el objetivo del 0,7 por ciento del PNB y los EE.UU. lo firmaron.
El Gobierno de los EE.UU. declara con frecuencia en estos días que no está obligado a cumplir un objetivo cuantitativo "arbitrario" como el 0,7 por ciento del PNB. Incluso hay funcionarios del máximo rango que declaran que los EE.UU. nunca firmaron el compromiso sobre ese objetivo. Y, sin embargo, los EE.UU. y otros países sí que firmaron el Consenso de Monterrey, en el que se instaba a "los países desarrollados que no lo hayan hecho a que adopten las medidas concretas con miras a la consecución del objetivo del 0,7 por ciento del producto nacional bruto como ayuda oficial para el desarrollo". Más claro no podría formularse. Por desgracia, los EE.UU. no han demostrado en modo alguno haber adoptado "medidas concretas" con miras a cumplir ese compromiso.
De hecho, la ayuda oficial al desarrollo de los EE.UU. asciende a tan sólo el 0,15 por ciento de su PNB, que es menos de la cuarta parte del objetivo global, lo que contrasta con el cuatro por ciento del PNB que los EE.UU. gastan en su ejército, unos 500.000 millones de dólares este año. Así, pues, los EE.UU. gastan unas treinta veces más en el ejército que en la ayuda para el desarrollo pacífico de los países más pobres.
Desde un punto de vista mundial, actualmente hay cinco países que han alcanzado el 0,7 por ciento del PNB en ayuda: Dinamarca, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega y Suecia. Otros seis países, todos ellos europeos, han fijado recientemente un calendario para alcanzar el 0,7 del PNB en el año 2015. Son los siguientes: Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda y el Reino Unido.
El Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, en su informe previo a la cumbre de los dirigentes del mundo y que se celebrará en septiembre de 2005, ha pedido a todos los países donantes que alcancen al menos el 0,5 por ciento del PNB en ayuda en 2009 y el 0,7 por ciento en 2015. Añadió que países como Alemania y el Japón que aspiran a contar con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tienen la obligación particular de dar ejemplo al mundo con miras a la consecución de ese objetivo.
Lamentablemente, los portavoces ideológicos de los sectores más ricos de los EE.UU., en particular los editorialistas de The Wall Street Journal, siguen mostrando una oposición implacable a la ayuda exterior, ¡pese a que representa tan sólo 70 centavos por cada cien dólares de renta! Al criticar mi libro, en una reseña del Wall Street Journal se decía que yo pedía "dar hasta que duela".
Pero la codicia tiene un límite. Estoy totalmente seguro de que The Wall Street Journal no representa en realidad los intereses ni las opiniones de gran parte e incluso de la mayoría de la población rica de los Estados Unidos, incluidos los millonarios y multimillonarios cuyas contribuciones a la ayuda podrían tener una repercusión inmensa en las vidas de millones de personas.
Muchos filántropos notables, como, por ejemplo, Bill Gates, ya están dando ejemplo. Creo que pocos ricos se negarán a contribuir con una pequeña porción de su inmensa riqueza a la posibilidad de salvar las vidas de millones de personas todos los años y ayudar a los países más pobres a subir el primer peldaño de la escalera del desarrollo económico. Han de saber que no sólo salvarán vidas, sino que, además, contribuirán a la consecución de un mundo más próspero y más seguro.
En lugar de preocuparse por que 70 centavos de cada cien dólares equivalgan a dar hasta que duela, nuestro lema en los países ricos debe ser: "dar hasta curar".
Jeffrey Sachs es profesor de Economía y Director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
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Traducido del inglés por Carlos Manzano.