El resurgimiento de las corrientes radicales que conviven en el Movimiento al Socialismo (MAS) y que desde octubre de 2003 estuvieron relegadas, ha motivado que muchos de los análisis sobre este partido coincidan en que con su actuación los últimos meses, ha perdido a una buena parte de los sectores urbanos que pudieron haber simpatizado con él.
La reacción de Evo Morales y su entorno próximo ha sido poco feliz frente a los recientes acontecimientos. Decir, a guisa de ejemplo, que quienes provienen de la clase media más lo hacen por encontrar un trabajo o un espacio de acción, o que quienes agitaron pañuelos blancos para pedir que cese el bloqueo de caminos fueron antes "camisas blancas", en referencia a la juventud falangista de la década de 1950, muestra la incapacidad de esos personajes para conquistar a la gente y, sobre todo, la tendencia caciquil que los va dominando, lo que hace temer que no sepan proceder democráticamente.
Es de esperar que el MAS recupere el horizonte hacia el que pareció caminar hasta hace poco y no se convierta en corresponsable de precipitar al país a un mayor deterioro de su ya precaria institucionalidad estatal y, de esa manera, permitir el retorno del autoritarismo, cualquiera sea su signo.