Pese a sus limitaciones y errores (porque los "datos" incorrectos abundan), estas etnografías prácticas practican, al menos, cierta generosidad de espíritu. Recomiendan a sus lectores, por ejemplo, que compren sólo productos bolivianos, que se alojen en hoteles nacionales, que no gasten mucha agua y luz y que pidan permiso antes de fotografiar a personas (porque, como se sabe, en Bolivia "hay abundante cultura indígena")
Leemos: "La Paz es la capital más fascinante de toda Sudamérica". Y en otra página: "Vaya a cualquier bar en La Paz un fin de semana y experimentará niveles de consumo alcohólico casi nihilistas en su fervor". Estas observaciones son parte del libro Footprint Bolivia, una de las minuciosas (464 páginas) guías turísticas sobre el país escritas, creo, para esos viajeros medio aventureros, medio mochileros, medio ecologistas, medio antiglobalizadores que vemos a menudo, entre atónitos y aterrados, fatigando la Sagárnaga. En Lonely Planet Bolivia, una guía similar (408 páginas), encontramos las mismas opiniones. Cito: a) "La Paz es una de las ciudades más intoxicantes del mundo y, en términos de su locación espectacular, está en la misma liga que Río de Janeiro, Cape Town, San Francisco y Hong Kong". b) "Sólo dedicados borrachines apreciarán las maratones alcohólicas que tipifican las fiestas bolivianas". Juergas que tienen lugar en "cantinas donde los hombres locales toman singani, juegan cacho y, al final de la noche, pierden el conocimiento". Si nos limitáramos a este par de impresiones turísticas, habría que concluir que la única forma de soportar la abrumadora belleza de La Paz es dejarse absorber por el estupor alcohólico. Pero, felizmente, la etnología de estas guías a todo color es más ambiciosa: se demora en cientos de datos, curiosidades, descubrimientos y consejos. Por ejemplo:
1. Bolivia es un país extraño, en el que "todo excede lo ordinario, como en las invenciones surreales de García Márquez" (Footprint), "como en un sueño" (Lonely Planet). Con frecuencia, los autores son arrastrados en breves (gracias a dios) raptos líricos: "Éste es el tipo de lugar donde se empieza a aceptar las cosas más curiosas como normales: sentarse al lado de un lagarto en un bus o esperar detrás de un grupo de chanchitos en la recepción de un hotel. Porque en Bolivia parece que los cerdos vuelan".
2. La Bolivia "mágica" se limita a ciertos lugares: La Paz, el lago Titicaca, el Salar, Potosí, Sucre, Yungas. Es claro, quiero decir, que las ciudades de Santa Cruz y Cochabamba carecen, para estos viajeros, de interés turístico. Santa Cruz porque sólo es una "peculiar mezcla de Miami y la atmósfera de esos pueblitos del viejo oeste". Cochabamba porque lo único interesante que tiene es el clima.
3. El lugar más feo de Bolivia es, de lejos, El Alto. Según las guías. Es más: el descubrimiento de la deslumbrante La Paz requiere pasar por el infierno, es decir, por "las fangosas calles de El Alto que parecen no haber sido barridas desde tiempos del incario", donde "niños sucios juegan en baches anegados, cholas lavan ropa golpeándola contra arroyos de agua de alcantarilla y casi todos los garajes son talleres mecánicos."
4. Éstas son guías prácticas. Como tales, incluyen muchos consejos y advertencias. Sobre el temperamento de los nativos: "La gente en el Altiplano no es la más amigable y abierta, pero es educada y cortés. También es ceremoniosa y formal, así que prepárese para dar la mano con frecuencia". Sobre cómo hacer trámites: "Mantenga su sentido del humor al encontrarse con la mareante burocracia local" o "recuerde que la mayoría de los bolivianos hacen colas en forma desordenada o no las respetan". Sobre la forma educada de ofrecer una coima: "Espere hasta que el funcionario sugiera el pago o hágalo de una forma indirecta, preguntando, por ejemplo, si existe en el país multas de pago inmediato". O sobre la necesidad de cuidarse de un "sorprendente y vasto repertorio de enfermedades venéreas".5. Las guías se obsesionan con la comida. Aunque los autores son viajeros dispuestos a la aventura, vienen de culturas en las que el puritanismo o la ignorancia culinarios han hecho daños irreversibles. Los redactores de Lonely Planet, un poco más primitivos, sienten una aversión casi religiosa a toda carne apanada: silpancho, milanesa, falso conejo. Este último es descrito como "una sustancia grasienta y gelatinosa que aparenta un origen animal". Los autores de Footprint profesan los típicos prejuicios anglosajones contra la carne de cerdo (sus lectores nunca se acercarán a un chicharrón o a un fricasé). Y todos, en masa, cantan aleluyas cada vez que se topan con algún "oasis de comida internacional", con lo cual se refieren a la segura, aunque sosa y elemental, comida de cafetería gringa.
Pero no deberíamos quejarnos: pese a sus limitaciones y errores (porque los "datos" incorrectos abundan), estas etnografías prácticas practican, al menos, cierta generosidad de espíritu. Recomiendan a sus lectores, por ejemplo, que compren sólo productos bolivianos, que se alojen en hoteles nacionales, que no gasten mucha agua y luz y que pidan permiso antes de fotografiar a personas (porque, como se sabe, en Bolivia "hay abundante cultura indígena"). En un gesto hasta enternecedor, una de las guías advierte: "Si lo invitan a brindar en el Altiplano, lo mejor es ofrecer una muy buena ofrenda a la Pachamama porque probablemente el brindis consista en alcohol puro".