Aseguran los observadores que después de las elecciones generales del 18 de diciembre ya nada será lo mismo, puesto que ha quedado establecido que un niño nacido en una comunidad de campesinos en la inmensidad del Altiplano andino, en el país más pobre de la región, puede llegar a Presidente Constitucional de la República. En hora buena.
Es vital entender que este hito histórico no hubiese sido posible si no ocurría el marco del sistema democrático, por lo que éste debe ser preservado por sobre todas las cosas.
Importa contextualizar que de esta elección han surgido nuevos códigos en el marco de un planeta globalizado en medio de agónicas (o renacientes) pugnas hegemónicas, pretensiones autoritarias, conflictos raciales, pobreza endémica, criminalidad, tráfico de drogas, explotación de recursos naturales, emigración…
De ahí que el entusiasmo y satisfacción de ver el sueño de igualdad que lleva por primera vez en cinco siglos a un niño indígena a la más alta magistratura de un estado nacional, necesita atemperarse por las realidades cotidianas que causan los conflictos de grandes intereses. En una democracia, la victoria electoral es real, pero las instituciones de Bretón Woods también son reales, Castro y el comunismo cubano son reales, Chávez y los petrodólares venezolanos son reales, el poderío de la única superpotencia es real. La intromisión de diversos agentes exógenos con agendas propias es real. La tentación tiránica es real.
No se puede olvidar que Hitler llegó al poder por voto popular y él solo, promoviendo mitomanías espantosas cambió trágicamente el curso de la historia en el Siglo XX. Nos demostró que para la desgracia o felicidad de un pueblo, no basta una victoria electoral.
Con estos advertidos es preciso internalizar el hecho que el sistema democrático, a pesar de todas las debilidades humanas, es el principal bastión que asegura el progreso humano y garantiza la libertad individual.
Por esto es que no hay duda que todos los bolivianos comprometidos con el país deben dar lo mejor de sí mismos para comprender las oportunidades que el sistema democrático nos está brindando a la vez de asimilar los desafíos que enfrentamos.
Hasta acá, hemos vivido agobiados por la pobreza e incertidumbre que no nos permite ver el futuro con optimismo. Nos hemos acostumbrado a sobrevivir entre los alborotos de la anarquía y las amenazas de la tiranía. Estamos cansados.
Con el año 2006 nacen nuevas esperanzas luego de haber evidenciado la voluntad mayoritaria de los bolivianos. Esto obliga a que todos adquiramos un compromiso de dar oportunidad a los gobernantes elegidos a cumplir con sus planes de gobierno. Pero también los elegidos deben cumplir con responsabilidad y entrega la autoridad que se les ha conferido.
Uno de los fenómenos más notables que las elecciones del 18 de diciembre ha significado que el Departamento de Cochabamba será gobernado por dos fuerzas independientes, el Gobierno Nacional y el Gobierno Prefectural respondiendo ambos a diferentes mandatos populares, mientras la capital del Departamento ya venía siendo conducida por un tercer mandato, aquel que surgió de las elecciones municipales de 2004.
La nación entera quiere confiar en los hombres y mujeres elegidos. Su responsabilidad de gobernantes debe ejercitarse en el marco de las reglas de juego del sistema democrático, sin deformaciones ni maniobras.
Los jefes de estos tres gobiernos deben dar ejemplo de integridad, generosidad, responsabilidad y compromiso con sus mandantes para conducir a buen puerto a nuestro Departamento, dejando a un lado la maniobra, la deshonestidad intelectual y la corrupción.