La incógnita sobre lo que Evo Morales hará realmente desde el gobierno, podría quedar resuelta hasta el crepúsculo del 22 de enero, ni bien se disipen los ecos de las fanfarrias protocolares y populares de la transmisión del mando. Pero para que eso ocurra es necesario que e Morales Ayma, en su discurso de posesión, decodifique en forma clara las claves que estuvo utilizando respecto a políticas de Estado sobre temas cruciales para el futuro inmediato del país.
¿"Nacionalización sin expropiación" en el frente de los hidrocarburos"? ¿Cómo conciliar lo primero con lo segundo? El Estado "nacionaliza" riquezas cuya propiedad corresponde a otros. Es lo que hizo el MNR tras la Revolución del 9 de Abril de 1952, cuando nacionalizó o estatizó las minas de Patiño, Hoschild y Aramayo , creando Comibol para que las explotara y administrara. O el gobierno de Ovando, en la década del 60, con la Gulf Oil Company, transnacional que tuvo que liar bártulos y marcharse del país. Conviene recordar que conforme al Art. 138 de la Carta Magna, "los yacimientos de hidrocarburos, cualquiera que sea el estado en que se encuentren o la forma en que se presenten, son del dominio directo, inalienable e imprescriptible del Estado" Ciñéndose a este principio, el párrafo que sigue establece que "ninguna concesión o contrato podrá conferir la propiedad de los yacimientos de hidrocarburos". La "exploración, comercialización y transporte de los hidrocarburos y sus derivados, corresponde al Estado", prescribe a continuación, pero, ojo, aclarando que "este derecho lo ejercerá mediante entidades autàrquicas o a través de concesiones y contratos por tiempo limitado, a sociedades mixtas de operación conjunta o a personas privadas, conforme a la ley". En consecuencia, más claro, agua. El Estado no necesita "nacionalizar" aquello que le pertenece por dominio originario. Lo que sí se puede hacer es reajustar el marco contractual entre él y las transnacionales para la exploración, explotación, transporte, comercialización, así como fijar la respectiva escala en materia de impuestos y regalías. Esto último supone que las transnacionales permanecerán en el país, siempre y cuando, desde luego, acepten las nuevas reglas, gozando de seguridad jurídica respecto a sus bienes, instalaciones e inversiones.
¿Cuál el rumbo final del gobierno?
¿Neoestatismo signado de populismo? Eso de abrogar el 21060 apunta en forma vaga a esta dirección. Igualmente, la proclama aquella de "acabar con la libre importación". ¿Retornaremos, acaso, a un régimen diferenciado en el tipo de cambio del dólar, (oficial y de mercado), como el que de 1982 a 1985 hizo millonarios a unos pocos con el tráfico ilegal de divisas? ¿Economía social de mercado, al estilo de Lula, en Brasil; de Lagos, en Chile, o de Vásquez, en Uruguay, con esquemas claros de integración comercial a escala regional y continental?
Hagamos votos porque los discursos presidenciales del 22 de enero nos resuelvan de una vez por todas el misterio que entrañan todavía los planes gubernamentales del MAS. Ojalá que aquel día la oratoria de Evo en el Parlamento sea la misma que haga retumbar en la Plaza San Francisco y en Tiwanaku. Pasó ya la hora de las campañas electorales donde para fines proselitistas se decía lo que la audiencia esperaba que se le dijera. Ahora es el tiempo de las definiciones claras sobre rumbos reales. Del estadista asistido por asesores idóneos.