El presidente Víctor Paz Estenssoro, decía coloquialmente que Bolivia es un país de juguete. Comparado con sus vecinos, algunos opinan que ni siquiera es país sino paisaje. Los tres candidatos principales a la primera magistratura durante su reciente campaña electoral hablaron de re-fundar Bolivia. Quieren fabricar un país totalmente nuevo, lo que no es mala idea si hubiera homogeneidad de criterios entre los bolivianos, pero afrontando la realidad, sería mucho más inteligente y productivo, crear dos o tres estados independientes, dejando a cada región gobernarse en paz, por sí misma, con su gente, su idioma, sus costumbres, su manera de pensar y sus ideales, pero ninguno de los postulantes se atrevió a tocar el tema.
La re-fundación que quiere Evo Morales, es para crear un estado comunista, ultra nacionalista. La de Tuto Quiroga, era para establecer un gobierno centralista, controlador. Doria Medina buscaba un estatismo, paternalista. Esta es la anacrónica onda populista del momento, por más que la experiencia demuestra que estos modelos nunca funcionan. Todos los políticos bolivianos tradicionalmente ofrecen educación y salud para todos, pretenden comparar a Bolivia, nada menos que con los países escandinavos, pero si hablamos de educación, los maestros ni siquiera se atreven a tomar exámenes de competencia y están entre los más sediciosos de la sociedad. La salud es el gasto más caro para los gobiernos que la subvencionan en Europa, exigiendo hasta 60 por ciento de impuestos de su población para que este servicio sea de primera. En Bolivia, nadie paga tributos y esperan que el dinero caiga del cielo.
La masa sigue el destino de lo incongruente, porque sus mismos líderes lo proponen. Los candidatos electos al congreso, en su mayoría, son políticos recién salidos de la cuna, cuyos conocimientos son tan pobres que cualquier estudiante de secundaria del primer mundo, los puede hacer trizas en un debate público. No presienten el papelón al que se verán expuestos cuando se encuentren deliberando en foros internacionales o cuando los entrevisten periodistas de peso, que no se amilanan ante nadie. La vergüenza no será solo para los protagonistas, sino que el país entero va a querer esconder la cara, después de que se convierta en motivo de burla para el mundo entero, con las bochornosas exposiciones que van a hacer los representantes nacionales.
Durante décadas, el camino para llegar al gobierno fue a través de las Fuerzas Armadas. Si se era militar se podía aspirar al poder político. Hoy la opción está en los que tienen mucho dinero, los dirigentes campesinos, sindicales o gremiales y, en los locutores. Si uno es animador de algún programa de radio o televisión sus posibilidades de postularse a un cargo son grandes. El motivo es uno solo; son conocidos por el populacho. No gozan de ningún otro mérito.
Estos aprendices pueden ser individuos sin ningún criterio inteligente, pero como otros iguales o peores que ellos pasaron por el legislativo o ejecutivo, creen que pueden manejar la nación. La renovación del congreso es casi total y pocos tienen formación en el manejo de estado. No saben lo que les espera en esta próxima etapa, cuando tengan que enfrentarse con una extrema polarización de la sociedad y posibles confrontaciones de exacerbada violencia. Los que estén en el legislativo, van a tener que lidiar con el cambio estructural más profundo que haya sufrido Bolivia en toda su vida y al no poder satisfacer las demandas populares, rogarán no haberse metido en lo que no entienden
El grueso de los políticos nacionales de los últimos diez años, está entre los más corruptos y mediocres que haya conocido la historia sudamericana. No tienen ideología, cultura, decencia, coraje, no gozan de dignidad y menos aún de prestigio. Llegaron a sus posiciones por pura compadrería o buena suerte y en su diminuta visión del mundo, aún consideran que sus torcidas maneras de hacer las cosas, --siempre en beneficio personal--, los va a llevar a posiciones de altura. Pero esta vez el juego es diferente.
El fracaso de las derechas moderadas y el triunfo de la extrema izquierda tienen mucho que ver con la falta de experiencia de estos nuevos oportunistas. Muchos factores han influido en su espectacular derrota, pero se pueden distinguir claramente los siguientes errores: Falta de conocimiento en el manejo de campaña; inexistencia de propuestas sinceras, comprensibles y coherentes; débil inversión monetaria, y, el factor más relevante: carencia de capacidad política, que incluye a todos los puntos. La lección para aprender es una sola: "La política se hace con políticos".