El título nos transporta de inmediato al enunciado de nuestra música, hoy resaltada en la televisión por la propaganda -más engañosa que real en su contenido-- de la autoridad edilicia. Pero nuestro propósito es el de llegar a la totalidad de mis conterráneos sobre este concepto que, a mi modo de pensar, está en duda. Sin apelar a la semántica para este análisis, creo que más que el haber nacido en una región geográfica, causan orgullo la conducta de las personas, sus acciones, sus hechos. Acciones como las de nuestros creadores, las de quienes nos dejaron una nación libre y soberana, de quienes murieron por defender nuestra heredad. De un largo tiempo atrás hasta hoy, la conducta de los cochabambinos está en entredicho, quizás desde la época de don Daniel Salamanca. Mesnadas de campesinos amenazan con conculcar nuestros derechos, ensombrecen nuestras vidas con sus incursiones atrevidas y con sus desmedidos reclamos, mientras los cochabambinos raigales, mestizos instruidos de diversos colores de piel, conscientes y educados, no reaccionamos siguiendo los cánones del deber y del valor. Y es peor, cuando se juega no sólo nuestra pervivencia y nuestra estabilidad, sino la integridad de la patria; cuando un gobierno extraído de nuestras clases "preteridas" pretende ponernos de cabeza, aún permanecemos impasibles. Pronto llegarán a la pretensión de sembrarnos la idea de la "tierra plana" y de que sus ancestros brotaron de la tierra junto a la paja brava, siendo que vivieron entre el ocio y la improductividad durante los casi doscientos años de vida independiente.
Se siente orgullo, sino satisfacción profunda, cuando sabemos que pertenecemos a una familia digna y honesta, cuando nuestros amigos nos retribuyen con su lealtad y con su aprecio; cuando nuestros hijos triunfan en la vida con esfuerzo, con sacrificio y con decencia. Más aún, cuando estamos gobernados por hombres honestos y capaces, por autoridades competentes que tienen vocación de servicio y no engañan ni roban, cuando los valores humanos transitan entre nosotros por su legítimo derrotero. Un gran personaje de la revolución francesa acuñó esta frase; "debemos tener el valor de nuestras opiniones y la inflexibilidad de nuestros deberes". Es por ello que incito a todos los cochabambinos y a todos los bolivianos no nacidos en esta tierra, al cumplimiento de un deber ineludible: no sólo de defender nuestros derechos, sino de defendernos contra el atropello y contra la amenaza que están incubadas en el odio, en la venganza y en la ignorancia. En la expresión de un antiguo filósofo: "el odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás". Tal sucede con el actual gobierno cuya tendencia se siente en el perjuicio y en el descrédito que va acumulando sobre el país, con la mediocridad de sus colaboradores y con su diaria perorata irreflexiva. Esa olla de grillos denominada "asamblea constituyente" que metió las dos hasta el pescuezo, sólo tiene dos celebrantes: los propios generadores de tan fenomenal incoherencia y el venezolano Chavez, mentor del ex abrupto.
Nuestra cita es para el jueves, día en el cual los habitantes de este valle de esperanzas expresaremos nuestra voluntad de seguir viviendo en democracia, de seguir gozando de libertad y de continuar con el ritmo de vida trazado por nuestros antepasados, dueños y señores de su heredad. Bolivia será libre porque las cochabambinas lo quisieron, porque lo queremos ahora y por que lo querremos siempre y hasta el final de nuestros días.