Mi tía Encarna llegó de improviso a La Paz desde Cochabamba y abrazándome emocionada derramó unos lagrimones en mis mejillas diciéndome con voz entrecortada por sus sollozos: "gracias a Dios que te encuentro con vida pues temía hallarte envenenado por tu empleada la Winona".
Cuando se tranquilizó un poco le invité un café y ambos saboreamos unas marraquetas con quesillos frescos que ella había traído desde Cochabamba. A continuación me dijo que quería hablar conmigo de forma muy reservada y sobre todo sin la presencia de mi empleada Winona.
Encerrados en mi escritorio, mi tía me preguntó en voz muy baja: "¿No has advertido algunas actividades sospechosas de Winona en su conducta hacia ti…? "Le respondí que no y que ésta me trataba con el cariño de siempre y cumpliendo estrictamente sus funciones de empleada cama adentro.
Mi respuesta no satisfizo a mi tía Encarna quien, luego de cavilar unos instantes, volvió a la carga interrogativa y me dijo en la oreja: "¿No has advertido en los últimos tiempos algunos cambios en el sabor de las comidas que ella prepara para ti y que te hubieran producido algunos desarreglos estomacales…? "Hice memoria de mis últimas deposiciones y le contesté a mi pariente: -Hace unos días sufrí de una diarrea pero atribuí mi mal al conocer algunas noticias de la Asamblea Constituyente y no a las comidas que me prepara mi imilla Winona.
Le sugerí a mi tía que fuera ella misma quien interrogara a mi empleada doméstica, y Winona fue llamada a mi escritorio luego de que mi pariente le dijo con voz de Juez: "¡qué pase la acusada!, la cual entró a la habitación con su cara de rea, pidiéndome con la mirada que le protegiera porque se consideraba inocente.
Mi tía le preguntó a quemarropa: "¿Conoces al Canciller Choquehuanca, quien el otro día sugirió que las cocineras del Barrio Sur podrían envenenar a sus empleadores…? La pobre imilla respondió temblando que sólo le conocía por la "tele" pero que nunca había conversado con ese señor. Mi tía la miró fríamente y preguntó a la infrascrita, sin anestesia "Nunca le has echado algunos polvitos venenosos al caballero, mejor dicho, a sus comidas o bebidas del caballero? La Winona se echó a llorar y le dijo a mi tía Encarna que ella jamás había echado polvitos venenosos a nadie y menos a su cawallero porque él la había tratado siempre muy bien y con mucho respeto.
Mi tía Encarna ordenó entonces: "La acusada puede retirarse" - Winona más muerta que viva abandonó mi escritorio, y mi pariente me dijo en voz muy baja: creo que tu empleada Winona es inocente y que el Canciller Choquehuanca habla disparates.