La causa principal para que en este país no haya habido una adecuada gobernabilidad durante el último período de vida democrática, ha sido, ciertamente, la falta de un gobierno fuerte. Como ningún partido tenía el porcentaje requerido para administrar el Estado por sí solo, con la autoridad que requiere una sociedad saturada de problemas, no había otra opción que conformar alianzas siempre a cambio de cuotas de poder.
Esa situación que se convirtió en permanente fue cansando a la ciudadanía que exigía cambio, lo que creyó conseguir en las últimas elecciones generales de diciembre pasado, cuando nació un gobierno fuerte encabezado por un líder sindicalista que a casi diez meses de gobierno, todavía no asimila su verdadera condición de Presidente de la República y, por tanto, de todos los bolivianos.
Ese cambio, que la ciudadanía intuyó como una nueva forma de administrar el Estado, sin corrupción, sin cuoteo, sin exclusión, con austeridad y con autoridad, no ha logrado empezar con efectividad por la prioridad que el gobierno le ha dado a la Asamblea Constituyente, porque está convencido de que una nueva Constitución es el paso previo para llevar adelante la reforma que tiene en mente. Al principio, le parecía una tarea fácil porque estaba seguro de obtener los dos tercios, pero se le complicaron las cosas dando origen a la batalla, entre la mayoría absoluta y lo establecido en la ley de convocatoria.
Por otra parte, aumentan los conflictos sociales en demanda del cumplimiento de ofertas electorales, por lo que el apoyo inicial se pierde paulatinamente obligando al gobierno a buscar culpables Primero acusó a las oligarquías del oriente, después a las de la media luna, se estrelló contra los comités cívicos, contra Podemos --partido al que le atribuye un poder mucho mayor que el que realmente tiene-- arremetió hasta contra la Iglesia Católica, insólita e irónicamente hasta contra la zona sur de La Paz y, recientemente, contra los medios de comunicación. En síntesis, parece que el objetivo fuera identificar al enemigo.
Este país es de indios y de cholos, de ponchos y de polleras y también de corbatas que usa la importante clase media. Es decir, es de todos y, por tanto, es perfectamente posible convivir pacíficamente entre las diversas razas que lucen diferentes atuendos. Está el reciente ejemplo de Expocruz de la Capital oriental, o las ferias de artesanías en Sucre y otras ciudades, eventos en los que la vestimenta típica ha sido y es un atractivo adicional.
Insistir en la trillada y cuestionada exclusión de los famosos 500 años, pertenece al pasado y la culpa de lo que realmente ocurrió y de lo que dicen que ocurrió es, en todo caso, responsabilidad de los que yacen bajo tierra. Insinuar venganza y mencionar los escupitajos a los que cada rato se refiere el Canciller, no es contribuir a la paz social y es demostrar un resentimiento que parece no poderse superar, a pesar de las aseveraciones que aseguran lo contrario.
Resulta que en lugar de aprovechar la coyuntura actual de gran poder político y de sumar en vez de restar, de invertir el mayor ingreso haciendo más eficiente la economía, se está buscando el poder total por medio precisamente de la Asamblea Constituyente, a la que se le pretende dar funciones adicionales a su misión específica. Pretender otra vez un llamamiento anticipado a elecciones generales, no tiene otra intención que liberarse de prefectos y alcaldes que no pertenecen al partido de gobierno y es un camino directo al totalitarismo, ese régimen político que atribuye un poder absoluto al Estado, que ha fracasado en varias partes del mundo.
El gobierno tiene que dejar de buscar enemigos donde no existen porque sólo encontrará adversarios. Los medios de comunicación permiten la libertad de expresión tan defendida por los opositores de ayer que son los gobernantes de hoy. El verdadero enemigo es la pobreza, a la que sólo se puede combatir mediante un esfuerzo común entre gobierno y oposición, creando un clima de paz social que permita inversión y, por tanto, generación de empleo. Aristóteles, hace más de dos mil años, dijo que la esperanza es el sueño del hombre despierto. No se puede tener esperanza si continúan los insultos y si se fomenta el odio con alusiones permanentes a lo que es parte del pasado y buscando siempre culpables, en lugar de buscar la unidad que debería ser una tarea de gobernantes y gobernados.