Después de mucho tiempo, concretamente desde la restitución de la democracia en 1982, la asamblea anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha incorporado a Bolivia en una lista de países donde los
"rasgos del autoritarismo evidencian la incapacidad de los gobernantes de adecuarse al funcionamiento del periodismo independiente".
La medida se fundamenta en el hecho de que el presidente Evo Morales hubiese asumido personalmente "la tarea de confrontarse públicamente con los medios de comunicación", como también ocurre en Honduras, Colombia y Uruguay.
Más aun, la entidad sostuvo que el mandatario está creando su propia red de medios con el supuesto apoyo financiero del gobierno de Venezuela, mientras que "funcionarios de alta jerarquía se han encargado de señalar a medios concretos cuyas informaciones u opiniones les incomodan", fenómeno que igualmente se produce en Argentina, Colombia, Estados Unidos, Honduras, Uruguay y Venezuela.
Que se recuerde, en período democrático y hasta esta ocasión, la SIP únicamente vino haciendo mención a incidentes menores entre la prensa nacional y el poder público.
Hoy, en cambio, han primado en su enfoque no sólo el plan presidencial de instalar una cadena de radioemisoras en el territorio, sino sus reiteradas sindicaciones en el sentido de que los medios son sus principales enemigos, así en términos genéricos, excepción hecha de una red televisiva contra la cual se estrella más frecuentemente.