Desconocer el Estado Republicano, negando la institucionalidad de lo edificado por la democracia para erigir un Estado de corte socialista e indígena, con fuerte negación de lo criollo y mestizo, es decir, de las clases medias, es un objetivo que con el oxígeno acumulado puede precipitarse si no existen los contrapesos que son necesarios
Cuando parecía que el gobierno perdía el control debido a una escalada de sucesos vinculados a factores de orden político y social, dos medidas oportunamente ejecutadas han servido para generar una dosis de oxigenación importante.
Esta administración tiene una ventaja comparativa respecto a las otras, y es que la economía del país está en inmejorable situación fruto de un favorable contexto internacional que antes no existía. Por lo tanto, por paradójico que fuera, el modelo ahora sí está funcionado y está funcionando en la administración de su mayor detractor. Seguimos con una economía de mercado donde el 21060 anda vivito y coleando y donde el Estado sigue sin perder su rol regulador dejando que los agentes económicos hagan su trabajo en el marco y escenario virtual del mercado.
Así viene la mano. Pasó lo mismo en anteriores gobiernos aunque con diferentes resultados. La capacidad de algunos actores de la política nacional para "patear el tablero" apagando incendios, con una mala economía y con crisis internacional en ese campo, fue la característica pasada. Hoy el gobierno del presidente Morales sí sabe apagar incendios y manejar conflictos, a lo que habrá que sumar que las arcas del Estado estarán tan llenas, que dinero sobrará incluso, para disimular los errores que vayan a cometerse. Ahí está Huanuni por ejemplo. ¿Quién recuerda lo sucedido? Un hecho de calamitosa barbarie, donde la negligencia estatal llegó a cobrarse la vida de más de una decena de personas y donde el gobierno hizo esfuerzos notorios para que este tema sea soslayado a fin de evitar se dañe la imagen del Presidente de la República. No está en duda que lo de Huanuni tiene como responsables directos al Presidente y sus Ministros de Estado, incluido el Vicepresidente García Linera que cumple un rol dual, tanto en el Órgano Legislativo como en el Ejecutivo.
Pues bien, más allá de hechos como el que anoto, o los conflictos con los chóferes del país, los maestros y con las regiones que no comulgan con la línea gubernamental, esta administración ha sabido colocar ciertas fichas en los lugares precisos y en los tiempos adecuados. No sé si por habilidad o por los azares del destino, la pachamama o por los deseos de amautas o yatiris, lo cierto es que así sucedió y es lo que cuenta.
El Bono Juancito Pinto por ejemplo, emula lo que en varios municipios del país se hace, y si bien no va al fondo del problema de la deserción escolar, tiene un efecto importante en las familias a las cuales beneficiarán doscientos bolivianos anuales. Ni que decir del impacto político elevado a la ene expresión por la fuerte propaganda política que el gobierno está acostumbrado a hacer. Y aquí me detengo un poco, para destacar la profunda contradicción en torno a la huelga de hambre de los consejeros del MAS en la ciudad de Cochabamba, que piden la renuncia del Prefecto Reyes Villa y reclaman ayunando debido a que éste -según aquellos-- gasta en publicidad, olvidándose que el gobierno que representan comparativamente con otros, tiene una política propagandística muy al estilo soviética, que no escatima recursos ni oportunidad alguna para crear íconos y emblemas nacionales.
Ahora bien, así como se dio vida a Juancito Pinto, el oxigenazo del año fue la suscripción de los contratos con las petroleras. No interesa si la política hidrocarburífera en el país cambió como consecuencia de la renuncia de Goni Sánchez de Lozada y de la adopción de una línea muy cercana a una Política de Estado fruto del resultado y mandato del referéndum del gas, o incluso del hecho que la Ley de Hidrocarburos fue promulgada en la gestión de Carlos D. Mesa, aunque éste no haya deseado estampar su firma. No importa. Menos que antes a la asunción del Presidente Morales ya se había rayado una cancha de juego en la que se sabía que las petroleras debían pagar más dinero porque merced a la inversión que realizaron, en Bolivia hay más gas. Nada de eso sirve a la hora del balance final, del rédito político, y ahí, el que se llevó todos los laureles, fue Dn. Evo. No se tocó la transferencia de acciones ni la propiedad de ciertos activos, y eso contará al final. Ya no importa. Así como el impacto del Decreto de Nacionalización con toma de campos incluida influyó en el ánimo nacionalista del electorado, la firma de contratos coloca a la actual administración en una ventaja comparativa que puede llevarlos, incluso, a profundizar su política indigenista de toma y destrucción de la institucionalidad. Oxígeno tienen. Aunque falta mucho por recorrer, habrá que ver cómo evoluciona el análisis congresal de lo suscrito con los inversionistas petroleros, y habrá que mirar cómo el gobierno asimila ese rédito considerando los planes y objetivos de fondo que tiene. No es un invento. Desconocer el Estado Republicano, negando la institucionalidad de lo edificado por la democracia para erigir un Estado de corte socialista e indígena, con fuerte negación de lo criollo y mestizo, es decir, de las clases medias, es un objetivo que con el oxígeno acumulado puede precipitarse si no existen los contrapesos que son necesarios.