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Bolivia y la comunidad internacional (II) | | Quizá el delegado de la OEA y otros a los que no estaría demás convocar, coadyuven al retorno al estado de derecho y la preservación de la democracia.
A tiempo de comentar la protesta del Ministro de Relaciones Exteriores porque el opositor Podemos hubiese acudido a representantes diplomáticos acreditados ante el gobierno nacional para dar a conocer sus puntos de vista e inquietudes a propósito de la crisis política que aqueja al país, sostuvimos recientemente que las iniciativas para una pronta y adecuada solución, podrían provenir de allende las fronteras, y al hacerlo así, no sospechamos que el mismo dignatario de Estado se trasladaría a la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) a objeto de informar sobre lo mismo, claro que desde la perspectiva oficial, además de pedir a dicha institución ayuda y compañía en el tratamiento del conflicto, logrando de ella a cambio el próximo envío de un comisionado especial que analice el caso en el terreno y sugiera medidas conducentes al fin indicado, para finalmente elevar informe a su superior el señor José Míguel Inzulza, quien de su parte se pronunció por la vía del diálogo entre las facciones en pugna, en un ambiente pacífico y enmarcado en la legalidad, con lo que remedió en algo el desafortunado epílogo de su visita a La Paz en enero.
Tal acto gubernamental, si bien casi simultáneamente eclipsado cuando no descalificado por el Ministro de la Presidencia frente al planteamiento de la misma fuerza política en el sentido de que una posible reanudación del malogrado debate entre el gobierno y la oposición, contase con la participación de entidades multilaterales, entre las que nombró a la propia OEA, para rodearlo de seriedad y garantía atenta la experiencia del pasado día jueves en el Congreso, precedida de otras similares en las que predominaron el doble discurso y la maniobra artera de las figuras representativas del régimen, probaría la importancia que éste le asigna a la comunidad internacional en determinadas circunstancias, por más intermitencia que ejercite en ese plano.
Y es que, como igualmente lo señalamos en el comentario aludido, la interdependencia de las naciones en el mundo actual, es corriente y hasta patética, cual acaba de observarse con motivo del principio de arreglo, cierto que en contexto y alcances diferentes, del roce entre Colombia y Ecuador, al amparo de la entidad interamericana, precisamente, y a pesar de la oficiosa injerencia de Venezuela.
De ahí que perdida la confianza en los hombres del Movimiento al Socialismo para la dilucidación de la problemática doméstica y el entendimiento con su contraparte adversaria, quizá el delegado de la OEA y otros a los que no estaría demás convocar, coadyuven a la cristalización de lo que el grueso de la población demanda; es decir, el retorno al estado de derecho y la preservación de la democracia, con todo lo que una y otra cosa implican.
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