En 1926, Santos Marka T"ula, Cacique Principal de los Ayllus de Qallapa y Apoderado General de las comunidades de la República, fue apresado en Sucre porque alguien le escuchó hablar con otros caciques-apoderados de los derechos de las comunidades, a las que defendían en los tribunales de los fraudulentos métodos de despojo de tierras por latifundistas. La denuncia de "comunistas" llevó a Marka T"ula y a sus compañeros a pasar años en la cárcel, y desde entonces fue un recurso ideal para legitimar el uso de la fuerza contra las comunidades que resistían la usurpación de sus mejores tierras -con población y todo- por los latifundios que crecieron al amparo de la política agraria liberal, iniciada en 1874 con la Ley de Exvinculación.
Los nuevos latifundios, cuya expansión era vista como medida progresista -por arrebatar tierras de las "manos muertas" de la "indiada"-, carecían de tecnología innovadora, y su productividad se asentaba en los saberes agrícolas de la población indígena enclaustrada. Los hacendados ni siquiera conocían sus parcelas, ya que éstas se hallaban entremezcladas con las qallpas familiares de la comunidad, en las aynuqas, de cuyo cultivo se encargaba la población indígena subordinada bajo el sistema del pongueaje. Durante la rebelión de Chayanta (1927), la denuncia de "comunistas" contra los defensores de la comunidad adquirió visos de escándalo y se difundió por todo el mundo con caracteres alarmistas. Todo como cortina de humo para perpetrar actos de represión brutales.
La historia de los comunarios acusados de comunistas no pasaría de ser un capítulo de un pasado remoto, si no fuera porque esta argumentación vuelve al debate público en boca del presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), José Céspedes, quien declaró a La Prensa: "Veo que [la propuesta agraria del Gobierno] está encaminada a una "cubanización" del país. El modelo comunitario es un modelo comunista que tuvo su época y que ya concluyó" (edición del 1 junio, pag. 9a). La ignorancia y el racismo se conjugan en la versión de este personaje, que atribuye al influjo de la Revolución Cubana un fenómeno -la defensa y persistencia de la comunidad indígena- que ya lleva cinco siglos de vigencia en América.
No se le pasa por la cabeza que los indígenas tengan su propio modelo organizativo y de uso sostenible que, hoy por hoy, es una salida viable y futurista frente al modelo privado de monocultivos extensivos, cada vez más dependiente de paquetes tecnológicos, conducentes a la desertificación, la pérdida de la soberanía alimentaria y la triste perspectiva del pago de regalías por semillas transgénicas.
Sería demasiado pedirle al dirigente de la CAO que conozca algo del modelo cubano, el cual estuvo inicialmente basado en la agricultura industrial en gran escala, para luego concertar con el sector privado -cooperativas, comunidades y pequeños y medianos agricultores- formas más sostenibles de uso de la tierra. Pero al menos debería, como boliviano, conocer la historia de su país, jalonada por amplios ciclos de movilizaciones comunarias en oriente y occidente, donde a pesar del acaparamiento privado de tierras y bosques, los campesinos producen la mayoría de nuestros alimentos, e incluso líneas exportables de gran potencial, como la quinua, los camélidos, la coca y productos de la biodiversidad amazónica.
La posibilidad de que las comunidades accedan a reservas fiscales, bajo un modelo de uso sostenible de los bosques, es una promesa que el Gobierno debe poner en práctica con toda seriedad, a través de la sistematización y difusión de los conocimientos y técnicas productivas indígenas, para evitar el esquema desarrollista -común a la empresa agroindustrial y a las iniciativas de "colonización" del oriente- que consiste en destruir bosques para implantar efímeras explotaciones agropecuarias. La revolución agraria no puede quedar en el eslogan de "mecanización del agro", al estilo del siglo XIX, sino buscar nuevos tipos de agroecología y silvicultura capaces de sostenerse por generaciones. Debe fomentar iniciativas comunales en las que los saberes más antiguos se den la mano con las prácticas medioambientales más avanzadas, como las que promueve Probioma en Santa Cruz, allí donde la CAO se asume como vocero del modelo productivo del oriente.