Voltaire, hace más de dos siglos, decía: "Estoy absolutamente en desacuerdo con todas tus opiniones, pero daría mi vida defendiendo tu derecho de expresarlas libremente". Ese principio tiene que ser válido siempre, pero en forma muy especial durante el tiempo que dure la Asamblea Constituyente y durante el tiempo que demande la implementación de las autonomías
Como no podía ser de otra manera, tanto el tema de las autonomías departamentales como la Asamblea Constituyente, han acaparado la atención de gobernantes y gobernados desde hace bastante tiempo. En la consulta popular del pasado domingo 2 de julio, los bolivianos hemos cumplido con nuestra obligación de elegir la opción que, en cada caso, consideramos mejor, unos con plena convicción y otros por disciplina partidaria o por obediencia y confianza en la propuesta oficialista.
Los resultados confirman lo que ya se sabía en cuanto a la diferencia entre occidente y oriente. Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija dijeron sí a las autonomías departamentales, revitalizando lo que se convino en llamar la media luna. Los demás departamentos deben resignarse a continuar, por lo menos momentáneamente, dentro del sistema centralista que, desde la fundación de la República, no ha sido capaz de generar un desarrollo armónico y equilibrado entre regiones.
Es innegable la influencia de la posición presidencial que apoyó el no, porque el sí le significaba perder poder, como es asimismo innegable la importancia del voto rural, en el que la "carnetización" fue otro factor de peso. Por el resultado del referéndum autonómico, inclusive en los departamentos que se decidieron por mantener la situación actual, el camino hacia las autonomías está abierto. Si somos capaces de seguir el ejemplo de España, el beneficio pudiera ser para todos, siempre y cuando el imprescindible fondo de compensación sea suficiente para garantizar los principios de justicia y equidad.
En cuanto a la Asamblea Constituyente, el resultado le da al MAS el triunfo, aunque con sabor a derrota por no haber alcanzado los dos tercios, pero saludable para la democracia que para ser tal necesita de una oposición responsable para mantener el equilibrio que obligue al gobierno a gobernar para todos los ciudadanos. La concertación, el necesario cambio de ideas y el respeto a la opinión ajena, deben ser la base fundamental para todos los que tendrán la difícil misión que el pueblo boliviano les ha encomendado.
El trabajo no será ciertamente nada fácil y la incertidumbre no quiere abandonarnos, pero por lo menos se sabe que habrá debate y es preciso hacer el máximo esfuerzo para lograr que las diferencias no impliquen confrontación. Tiene que encontrarse una manera de convivencia pacífica y civilizada, a pesar de nuestra diversidad de razas y costumbres, a las que hay ahora que añadir la diversidad de criterios sobre la forma de administrar las diferentes regiones, unas con autonomía y otras con centralismo.
Es difícil saber si la Asamblea Constituyente será el remedio para nuestros males, pero es una realidad y una esperanza de todo el pueblo boliviano. Por eso es que los constituyentes tienen una gran responsabilidad, que es la de redactar una nueva Constitución que debe ser sometida también a un referéndum. Mientras ellos trabajan, el gobierno debería liderar una campaña que busque un clima de paz, en lugar de recordar las exclusiones de 500 años que pertenecen al pasado, de las que no tienen culpa las generaciones actuales. Si se quiere un nuevo país para la juventud, hay que enseñarle que nada bueno se construye sobre el odio y la venganza.
El respeto a la autoridad legalmente constituida, a la voluntad de la mayoría, a la opinión diferente, a la consecuencia de lo que se dice y de lo que se hace y sobretodo a la libertad de expresión, debe ser inviolable para este país que ha elegido la opción del cambio. Voltaire, hace más de dos siglos, decía: "Estoy absolutamente en desacuerdo con todas tus opiniones, pero daría mi vida defendiendo tu derecho de expresarlas libremente". Ese principio tiene que ser válido siempre, pero en forma muy especial durante el tiempo que dure la Asamblea Constituyente y durante el tiempo que demande la implementación de las autonomías.