Sucre | Grupo Líder
La discusión sobre la nueva Constitución ya no tiene su núcleo en el hemiciclo del Teatro Gran Mariscal ni en el colegio Junín. Ahora, las discusiones más importantes sobre el futuro de la Asamblea Constituyente se llevan a cabo en las reuniones de los movimientos sociales y en las de los comités cívicos y prefectos de la "media luna". Ese es un consenso de los representantes que analizaron sus primeros dos meses de gestión.
Como reconoce el masista Raúl Prada, el conflicto salió de la Asamblea y terminó yendo a las regiones y a las organizaciones sociales. Para el tarijeño Ricardo Cuevas (Camino al Cambio), la posición de los cívicos es entendible ante la posibilidad de que el MAS decida aprobar la nueva Carta Magna por mayoría absoluta. Si se puede establecer un antes y un después en la Asamblea, ese está marcado por el 30 de agosto. Antes de ese día, el cónclave había avanzado con celeridad.
En menos de un mes, los representantes habían logrado consenso para conformar un Comité Ad-hoc, que instaló la Asamblea, había conformado una directiva con múltiples representaciones políticas y una comisión que se encargó de sistematizar un reglamento de debates y logró acuerdos que respetaba la Ley de Convocatoria. Sólo Podemos se mantenía al margen de los acuerdos, sobre todo en el artículo que declaraba originaria a la Asamblea.
Pero ese jueves 30 de agosto, el vicepresidente, Álvaro García Linera, se reunió con la bancada del MAS y ahí todos los acuerdos se cayeron. El MAS volvió a su consigna de aprobar todo, salvo el texto final de la Constitución, por mayoría absoluta.
La madrugada del 1 de septiembre, tras 12 horas de debates, consiguió la aprobación en grande del reglamento, pero a costa del accidente de Román Loayza y de la destrucción de las negociaciones y posibles acuerdos. El reencauce de Asamblea tardó un mes y, según el cuarto vicepresidente, Jorge Lazarte, es precario.
Explicaciones
Prada tiene abundantes explicaciones a lo que sucedió (que además le costó la confianza de su bancada, que ahora lo apoda "el dos tercios"). "Muchas organizaciones que están en la Asamblea tiene la memoria localizada en la vieja práctica de la oposición y la lucha social, útil para organizar movilizaciones, para articularse e interpelar, pero es complicada al trasladarla a escenarios políticos", opina. Samuel Doria Mediana lo dice más claro: "Cuando el MAS sepa lo que quiere, la Constituyente avanzará".
El paceño, que lideró la comisión que redactó el proyecto de reglamento, explica que seis de las nueve bancadas masistas ya habían aceptado la votación por dos tercios consensuada en la comisión. A ese tipo de cambios y a la presencia constante de García Linera y Evo Morales es a lo que René Muruchi (AS) llama como una injerencia perniciosa que, sumada a la de los cívicos y prefectos, está desviando la Asamblea.
Cuevas devela, además, que la madrugada del 1 de septiembre, la Asamblea estaba siendo manejada "a control remoto" por el viceministro Héctor Arce, que se encontraba mimetizado entre los asesores y llamaba de manera constante al vicepresidente masista, Roberto Aguilar, y a la propia Silvia Lazarte.
Es por eso que el podemista Rubén Darío Cuéllar considera que el MAS sólo busca imponer sus caprichos y, haciendo mea culpa, cree que tal vez debieron ser más duros.
Sin embargo, Podemos también tiene críticas. Para Muruchi (y para casi todo el MAS), la agrupación ciudadana sólo quiere obstruir la Asamblea y se opone a todo y a nada. Los tilda de reformistas, y considera que no quieren un cambio profundo de Bolivia.
Jorge Lazarte, por su parte, considera que en algún momento la Asamblea deberá de dejar de avanzar en zig-zag y ese será el punto de inflexión. En su opinión, para ascender, habría que reconocer el desequilibrio de representación a favor del MAS, aceptarlo y pedir que el partido de gobierno entienda que su hegemonía debe se compatible con las minorías.
Pero no todo es malo. Para Ricardo Pol se ha tropezado, no se ha cometido errores y recuerda que no hubo proceso preconstituyente, por lo que todo el mundo está también en un proceso de aprendizaje. El consuelo de todos es que Ecuador tardó más en redactar sus normas internas. Sin embargo, si no se llegan a acuerdos pronto, la Constituyente boliviana está camino a batir un récord y, así como en la corrupción, también será un campeonato negativo.