"La realidad es solamente aquello que es observado", afirma el cientista social, Niklas Luhmann (1927-1998) planteando que lo que no se ve, no forma parte de la realidad y, desde este punto de vista, los medios masivos de información --que visibilizan lo observado expandiéndolo hacia miles de personas-- estarían intrínsicamente vinculados a esta aseveración en la medida que a través de ellos, pasa lo observado o lo que sería lo mismo, la realidad. Coincidiría dicha afirmación, con aquella frase que afirma que: "lo que no pasa por los medios no existe". Realidad y medios, consecuentemente, terminan tejiendo una relación inocultable aunque no siempre estemos de acuerdo con la "realidad" que estos exponen cotidianamente a sus audiencias.
Si se asume, junto a la Teoría General de Sistemas, que el sistema es un observador que construye realidades de segundo orden a partir de la selección o la distinción(Foerster), los medios masivos de información no dejan de ser expresión de un sistema selectivo al construir, por ejemplo, lo noticiable. Sin embargo, lo hacen como parte de un sistema cerrado que se asume más bien"clausurado"respecto de su entorno y que, desde una postura determinista, "construye" la noticia y, con ella, configura realidades. Para los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, ningún cambio de estado en el sistema puede ser generado desde fuera ya que es el propio sistema el que por referencia a su propia organización y estructura "traduce" la complejidad proveniente del entorno, a su propia complejidad y determina sus propias operaciones. Es así que los que afirman, a partir de Luhmann--cuyo aporte sociológico a la Teoría de la Comunicación proviene precisamente de la Teoría General de Sistemas-- que los medios son un sistema de conocimiento; me imagino que lo hacen asumiendo su carácter altamente selectivo y parcial, por tanto, de la realidad. Asimismo, subyace la idea de que los medios, mas que cualquier otra cosa, son un escenario, un lugar de paso de realidades previamente construidas. En ambos casos, reflejo, al fin, de una determinada realidad que cobra vida a partir de su exposición y que podrían tener sentido, a partir del complejo entramado de mediaciones de las propias audiencias.
Desde esta óptica, no hay porque los medios no puedan promover la estabilidad política y social, a diferencia de lo que sostiene Luhmann quien insiste-- a partir de una interesante descripción de lo que vienen haciendo los medios en la actualidad-- que la función primordial del sistema de medios es la de "irritar" a la sociedad, dando cuenta de sus contradicciones y enconos. Sin duda que eso hacen y lo hacen muy bien y para muestra de ello; nuestro país, donde a propósito de los enconos entre el gobierno y la oposición, terminan saturando con informaciones provenientes de una sola dirección ( remítanse a Unitel de Santa Cruz y Radio Panamericana de La Paz en sus ediciones del 13 y 14 de septiembre, apropósito de las declaraciones del presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, German Antelo) adelgazando versiones que dan cuenta del otro lado de los acontecimientos e incurriendo en un marcado determinismo de la "actualidad noticiosa", aparentemente, a partir de intereses circunstanciales del poder externo y poniendo incluso en duda la legitimidad de los hechos que reportan. Pero pese al relativo éxito de este rol "selectivo" e "irritante" que vienen cumpliendo muchos medios masivos de información, no es necesario limitarlos a cumplir ese papel solamente. En contra ruta a Luhmann, considero que los medios también pueden ser garantes de la estabilidad política o social, y no solo garantes del caos y el conflicto. Estoy convencida que pueden ser espacios democráticos para apoyar iniciativas de diálogo y concertación, en una Bolivia que hoy ve acrecentada la conflictividad de su siempre compleja interculturalidad, en gran medida por la acción disociadora de los medios que se sorprenden cuando no hay conflicto como sinónimo de noticia. El problema no estaría, entonces, en la naturaleza "per se" de los medios que, en si mismos, no son ni buenos ni malos, sino y al parecer, en el manejo "accidental" que se viene haciendo de ellos de manera que, una asignatura pendiente para este o para cualquier otro gobierno y para la sociedad civil en su conjunto, debiera ser la construcción participativa de una nueva legislación sobre los medios de comunicación.