Hugo Chávez alega ser un hombre que entiende al pueblo, que a las masas; a los marginados. Pero lo que le falta al señor Chávez es entenderse a sí mismo. El autoproclamado líder del movimiento Bolivariano parece entender a todos menos a él mismo. Sólo a sus dos compinches que fueron los más "populares" en la última reunión de presidentes en las Naciones Unidas, nuestro presidente don Evo y el tributo a la implementación de psicópatas en la arena política, el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Los dos gozan del apoyo y el elogio empalagoso de Chávez.
Así como elogia al presidente boliviano que busca un Estado en el cual el gobierno esté totalmente distanciado de la religión, también elogia al líder que quiere que la religión islámica sea el gobierno y crear un Estado donde el secularismo sea un crimen. Así como Chávez efervescentemente rechaza el "imperialismo", apoya a Ahmadinejad que públicamente ha establecido que quiere crear una hegemonía religiosa en el Medio Oriente mediante expansionismo violento. Así como odia al imperio negro de EEUU no tiene problema en venderles su "oro negro" ni de tener miles de gasolineras dentro de dicho "imperio".
Para ver las múltiples personalidades del Presidente Chávez solo hace falta ver la entrevista dada a CNN en Español, dos días antes de su famoso discurso en las Naciones Unidas, Chávez pidió al presidente peruano Alan García que se comportara como un diplomático serio, y dijo que trataría solamente con líderes serios. Después de la entrevista Chávez procedió a ir a hacer de payaso clamando que todavía olía azufre y persignándose frente al podio de la asamblea general.
Puede ser que Hugo Chávez entienda la lucha de la gente de la periferia latinoamericana pero para ser líder de un país y de un movimiento ideológico es necesario desarrollar una ideología propia y para hacer eso es necesario entenderse uno mismo primero.