Ninguna edad del ser humano esta copada por solo recuerdos, mucho más si la condición humana se encuentra en soledad. El recuerdo copa una ínfima parte del diario vivir o simplemente no lo forma.
¿Es la fuerza del diario vivir que concatena actos instintivos e intereses afirmados quien espacia al recuerdo con una minúscula y periódica presencia? Por ser minúsculo el espacio del recuerdo, concentra operaciones tensas de la mente, cuerpo y aún de decisiones que no tuvieron la oportunidad de presentarse en otra circunstancia.
Abril y Julia (los personajes la obra de Teatro La Cueva, Sucre) concentran dichas operaciones en el escenario para mostrar todo un tramo de vida que se corresponde con las edades de la niñez y la adolescencia.
El encuentro de Abril y Julia, ocurrido después de la niñez y la adolescencia, rompió el ordinario quehacer dominado por sueños alcanzados y no alcanzados, construidos en el rigor de la institucionalidad con el ojo diferenciador de las conductas genéricas, femeninas.
No es la incertidumbre, la que marcó la niñez y adolescencia de Abril y Julia, es la aceptación, temor, disciplina. ¡Ningún margen de libertad!, ¡Encaminar! Es la égida institucional. Lo posterior, poca importancia podía tener. Lo posterior es el ojo juzgador de lo anterior, de la institucionalidad, de reconocer un encaminar sin pertenencia al yo personal y pertenencia al otro personal.
Una unidad
Abril y Julia, no son opuestos, son una unidad que guían su accionar en el sueño, que no deja de ser sueño cuando es alcanzado. Abril y Julia, son opuestos a un pasado que solo trasciende, por tiempo minúsculo en el recuerdo. Ambas, reproducen una discontinuidad de seres femeninos que se oponen a la disciplina guiada para pertenecer al otro personal. El ojo juzgador de la vida anterior, no les ubica en conseguir una pertenencia desprendida del otro personal, y simplemente se restringen a denunciar el engaño institucional. Para las actoras, la vida presente es el sueño alcanzado y no alcanzado, frente a ello se tiene una vida pasada que no se corresponde con el presente.
Abril y Julia, son dos personajes disconformes con un pasado, manifestación esclarecida en su encuentro. Es la conversación, quien ha dado el minúsculo espacio al recuerdo. No es el goce propio de la niñez y adolescencia, quien domina la satisfacción de un presente que se vive, más meritorio es el recuerdo de la égida institucional que da motivo para ponerlo al descubierto en forma de denuncia ante el público. Tal como pervive el recuerdo en la persona, en tiempos cortos de vida o en el tablado (55 minutos de duración de la obra), sucedió no solo el encuentro de Abril y Julia, sino que también se encontraron la obra Entre Abril y Julia con el público cochabambino, escenificado por el grupo La Cueva de la ciudad de Sucre.