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Intermediación innecesaria | | El Estado cuenta hasta quizá en demasía con mecanismos para la coordinación entre el gobierno central y los departamentales.
Retomando una de sus iniciativas anteriores, que sin embargo no llevó a la práctica por razones desconocidas, el Presidente de la República ha anunciado la próxima designación de delegados suyos ante las prefecturas y la probable creación de un consejo nacional de coordinación entre el Ejecutivo y esas entidades departamentales a fin de sentar, según precisó, presencia del Estado particularmente en el distrito de Santa Cruz.
Lo hizo al término de la reunión que el Movimiento al Socialismo y sus afines efectuaron por espacio de dos días en esta ciudad para evaluar la gestión de gobierno y a tiempo de quejarse porque no habría quién le otorgue facilidades y atención durante sus visitas a las capitales de departamento, al extremo de no contar con una movilidad para desplazarse y, menos aún, guardias para el cuidado de su seguridad personal.
El argumento esgrimido pareció deleznable y sí, más bien, puso de manifiesto el inocultable distanciamiento entre el mandatario y los prefectos electos por votación popular que no sólo no comulgan con la ejecutoria oficial, sino que junto a las instituciones ciudadanas han conformado una suerte de bloque en resguardo específico del ordenamiento jurídico en la Asamblea Constituyente y la implantación a breve plazo de las autonomías departamentales, según pronunciamiento del referéndum realizado al efecto, como es el caso de Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Cochabamba aunque en términos no del todo definidos.
Al respecto, cabe señalar --esto está en la conciencia nacional-- que las diferencias fueron marcadas por la administración masista en su conjunto y no así por las autoridades o los comités cívicos de dichos distritos, a pesar de auspiciosos encuentros que ambas partes sostuvieron y que debían tener seguimiento justamente las jornadas empleadas para la evaluación referida líneas antes, interregno en el cual, sensiblemente, el doble discurso en que se prodigan las principales figuras del régimen no hizo más que agravar la situación.
En este sentido, un cambio de actitud del propio Presidente y sus colaboradores cercanos y, sobre todo, la invariabilidad de su posición de cara a los intereses nacionales y regionales, serían suficientes para que prime un clima de entendimiento y respeto recíproco con las autoridades
y representantes de la sociedad civil del interior, de forma tal que ambas esferas transiten por una sola vía hacia objetivos comunes, lo que haría innecesarios el nombramiento de intermediarios o la conformación de cuerpos burocráticos coordinadores, máxime si el aparato del Estado cuenta hasta quizá en demasía con mecanismos para ello.
Por fortuna, el Presidente sumó al anuncio comentado su disposición de ir al diálogo franco y fructífero, de donde sólo restaría que lo convoque sin pérdida de tiempo.
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