Que se encarguen los estudios que corresponda hacer, pero que no se arriesgue la institucionalidad del Estado Boliviano frente a sus pares, tratando de minimizar un tema que merece una posición clara y contundente, en tanto y cuanto, es correcto reconocer que una gran parte de las plantaciones de hoja de coca en el Chapare y en los Yungas, se cultivan para beneficiar al narcotráfico, no para otra cosa.
La coca y su cultivo en el Chapare fue el eje central de la plataforma que catapultó a Evo Morales. Desde entonces, la pelea entre quienes buscaban la erradicación de cultivos excedentarios y los que no, trajo consigo consecuencias que terminaron incluso, con el fallecimiento de gente inocente.
El asunto pasó del componente ilícito (narcotráfico) y tradicional respecto a su uso, a una pulseta de poder entre los gobiernos de turno y las seis federaciones del trópico de Cochabamba, de las cuales el Presidente de la República será su líder hasta los siguientes días según se ha anunciado.
La migración de gentes al Chapare, particularmente de las regiones andinas fruto la caída de los precios de los minerales en los mercados internacionales, hizo atractiva la idea de cultivar coca más allá de las hectáreas permitidas legalmente. Esa migración consolidó un importante universo de personas que englobaron las listas del MAS y encontraron en Don Evo Morales al líder que enarbolaba la lucha por la no erradicación de la milenaria hoja, lucha que no diferenciaba si aquella era utilizada en prácticas culturales, medicinales o por el contrario, iba a la producción de cocaína.
Falleció mucha gente, entre cocaleros y uniformados, porque con el paso del tiempo, más allá de defender los cultivos excedentarios, se defendían posiciones y espacios de poder. El tema ya no pasaba únicamente por la producción de hoja de coca, porque en algún momento los medios de comunicación hicieron crecer de tal manera la figura del Sr. Morales, que desde el Chapare se daban mensajes sobre diversos tópicos vinculados al quehacer nacional, utilizando siempre y como bandera de lucha política, la defensa a ultranza de la producción de hoja de coca.
A través de los intereses creados en torno a esa "lucha", se gestaron movilizaciones, marchas y bloqueo de caminos como instrumentos expeditivos para consolidar un proyecto nacional que culminó, en una primera fase, este 18 de diciembre pasado. La coca fue, sin duda, el referente más importante en la lógica de forjar un movimiento de las características del MAS. El debate pasará ahora, no hay duda de ello, a establecer cuál la postura que adoptará la administración del Presidente Morales en torno al tema. No necesitará marchas, paros y bloqueo de caminos para defender el cultivo excedentario porque tiene los instrumentos para actuar en ese sentido. Sin embargo, a diferencia de épocas pasadas, ya en función de gobierno, pesan tratados internacionales y leyes de la República vigentes sobre la materia, que desde las bases cocaleras seguramente poca importancia tenían en ese entonces; desde Palacio de Gobierno o desde la hermandad de San Jorge, sí que la tienen.
Antes o después, la hoja de coca cultivada más allá de los límites permitidos por ley, va al narcotráfico. Es esta una realidad insoslayable y un hecho fáctico que está lejos de cualquier duda. En los tiempos mozos del Sr. Morales, en los que adquirió madurez sindical o en los actuales, donde ejerce la Primera Magistratura, la coca cultivada por ese universo de gentes asentada en la zona chapareña, no iba en su totalidad a ser utilizada en prácticas o ritos culturales, ancestrales o medicinales, estaba y está dirigida a favorecer a narcotraficantes, en una actividad totalmente reñida con la ley aquí, y en cualquier país civilizado del mundo.
En ese contexto, la lucha contra la producción ilícita de coca no pasa porque ésta deba ser asumida como un paradigma en la pelea contra EE.UU, pasa, hoy por hoy, por soberanía nacional respecto a actos totalmente punibles que forman parte de un circuito de ilegalidad que beneficia a mafias de narcotraficantes que en muchos casos, pienso que es así, abusan de moradores de aquellas zonas para obtener la materia prima que precisan.
Bajo esos antecedentes, la visión del gobierno debe ser diferente.
Que se encarguen los estudios que corresponda hacer, pero que no se arriesgue la institucionalidad del Estado Boliviano frente a sus pares, tratando de minimizar un tema que merece una posición clara y contundente, en tanto y cuanto, es correcto reconocer que una gran parte de las plantaciones de hoja de coca en el Chapare y en los Yungas, se cultivan para beneficiar al narcotráfico, no para otra cosa.
En esta materia ya no es tolerable la postura sindical, porque ahora se defienden los intereses de los bolivianos y no sólo de los sectores comprometidos. Respetemos la coca y su uso tradicional, pero reconozcamos que también hay de la otra, y en demasía.