El progenitor del astrólogo es el distinguido economista Juan Careaga, con vocación de maestro de números y letras. Ahí se encuentra él para recomendarnos cómo no caer en el abismo. No faltan quienes después del sismo social tienen la esperanza de heredar los escombros. ¡Felices ellos por tamaño triunfo...!
La simple operación aritmética no la podemos aprender y el gobierno, en afanes de signos menos que más, se encuentra atrapado entre el miedo y la inercia. Para salir del pozo deberíamos seguir los consejos de Hildebrando a Mamani, Quispe, Wilca y otros originarios, fieles a sus "usos y costumbres". El astrólogo dictando lecciones de "sentido común" se empeña en evitar la desesperación con la presencia indeseable de pandillas depredadoras en las calles.
Hildebrando, alumno de Galileo condenado por la ignorancia, retrata los mitos y desbarajustes bolivianos en la economía con tanta fidelidad que parece una crónica de los diarios episodios que vive el país. Los temas que aborda, consultando a las estrellas y los cálculos de la matemática celeste, constituyen una grave advertencia para una Bolivia extenuada y en su límite. Es inevitable la pregunta: ¿Hemos llegado a la frontera de una tierra ignota...? Más que un pronóstico es una afirmación.
El economista y literato de realidades y ficciones narrativas, como se presenta Juan Careaga en su libro, coloca todo su énfasis en aconsejar al gobierno y el pueblo boliviano en cómo salir de la camisa de once varas. Hildebrando se pronuncia con singular cordura sobre una serie de problemas que nos tienen a mal andar y sin perspectiva de solución. Sus observaciones y consejos pueden enderezar el rumbo de un país -de todos los bolivianos sin exclusiones- que están jugándose su futuro a un signo sin valor porque nunca sale premiado: Cero. El cero sin acompañamiento, solitario, no vale nada. Estamos en la soledad del cero y el libro de Careaga, de admirable simplicidad didáctica, señala el rumbo correcto para no caer en trágicos derrumbes de plataformas sociales.
A propósito y viene a cuento, lamentablemente. La experiencia de inestabilidad de avenidas y calles de la ciudad debería advertirnos que en cualquier momento podemos caer de cabeza en un enorme hoyo nacional. No estamos lejos que pueda suceder.
Por ahí vamos, lo advierte Juan Careaga en su libro "Los consejos de Hildebrando", y la flecha, señal de dirección, nos conduce directamente al escenario de una interrogante Asamblea Constituyente. Para profundizar el malestar y la pobreza no hay nada más dramático que equivocarnos de camino y dar aldabonazos en las puertas del infierno, creyendo que es el ingreso al Edén.
Ya verán, sin decirlo Hildebrando lo está visualizando con la debida anticipación, el gran parto de la Asamblea en sesiones de espiritismo, gracias a la habilidad de muchos médium, convocará a los célebres héroes y pensadores de antaño para resolver los problemas de una Bolivia hipertensa y demacrada por tantos insomnios y pesares.
Para Juan Careaga las presiones e incoherencias, sin chistar, tienen una clara respuesta si aceptamos algunas normas y recetas tan comprensibles que hasta los más obtusos terminan por entender. ¿Por qué no nosotros? Hacemos gala de habilidades folklóricas, huelgas de hambre, bloqueos, marchas, dinamitazos y ofrendas a la madre tierra y sahumerios en las apachetas de la cordillera. ¿No son suficientes demostraciones de talento y huella cultural?