Las venideras elecciones presidenciales en Bolivia ponen en evidencia que los mass medias , se constituyen en configuradores de liderazgos políticos. La proclamación de Alvaro García Lineras como candidato vicepresidencial del Movimiento Al Socialismo (MAS) y la posibilidad que la conductora de televisión María René Duchén como acompañante de Jorge Quiroga son casos que (de)muestran, una vez más, el efecto de seducción de los líderes de opinión sobre los políticos. No debemos olvidar el caso de Carlos Mesa se constituyó en el prototipo más ilustrativo de esta simbiosis: de un ámbito mediático/intelectual a un ámbito electoral y asimismo no debemos soslayar las consecuencias de esta incursión.
Ahora bien, este desplazamiento de los líderes mediáticos hacia las arenas políticas/electorales es, a nuestro juicio, el punto inicial de lo que se denomina como " marketing político". Aunque este fenómeno político/comunicacional boliviano no es novedoso, sin embargo se debe puntualizar que en los últimos años la pantalla chica sirvió para que los líderes mediáticos se perfilen como potenciales candidatos.
Ciertamente, la presencia de intelectuales/mediáticos en procesos políticos podría otorgar a éstos un "debate político/ideológico"; sin embargo, el caso de Mesa nos ha demostrado un efecto inverso. Es decir, la lógica partidaria subsumida en el pragmatismo político solo hace posible que el intelectual sea utilizado como una imagen de "adorno", ya que el mismo no tiene posteriormente ninguna resonancia en las decisiones políticas porque es aislado por la cúpula partidaria.
Desde un punto de vista comunicacional, sale a la vista que la apelación a los intelectuales mediáticos es solo una cuestión de imagen con lo que se demuestra una vez más el vaciamiento político/ideológico de las propuestas electorales de cara a resolver la agenda política álgida que puso en vilo al conjunto de la sociedad boliviana en los últimos años.
Al parecer, los mass media no sólo "venden" candidatos antes del inicio de una campaña electoral sino, indirectamente, "venden" democracia, debemos recordar, por lo tanto, que la presencia del marketing político está produciendo efectos contraproducentes para el proceso democrático boliviano que se refleja fundamentalmente en la despolitización y en la desideologización del acto electoral constituyéndose en signos inequívocos de la era de la pospolítica --como diría Svaloj Zizek-- que vivimos actualmente.
Es necesario recordar que el discurso demagógico y la "estética" electoral confeccionada por el marketing político predominante en las últimas elecciones originó un desencantamiento democrático en la población y hoy asistimos --precisamente-- al réquiem de aquellos partidos tradicionales que ocultaron sus verdaderas intenciones a través de la construcción de príncipes de papel que posteriormente esas imágenes "bonitas" se desmoronaron como un castillo de naipes.