Rescribo este articulo de hace cuatro años atrás, con un nudo en la garganta, recordando la historia de un movimiento que nació de las entrañas de un país, con jóvenes brillantes en el discurso, audaces en la acción, solidarios en la desventura, intelectuales por consigna y con una pasión por Bolivia sin limites.
………era una dicha estar vivo aquel amanecer Pero ser joven era el paraíso.
Dos semanas después del golpe del 21 de agosto, el 7 de septiembre, varias fuerzas que emergían a la vida nacional como expresiones democráticas y populares se aglutinaron para resistir a la dictadura, y fue en el fragor de aquella lucha que nacía el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).
El MIR se fundó sobre la base de una amplia ideología alimentada por la confluencia de fuerzas políticas que se destacaban por su riqueza teórica y su creatividad organizativa.
Esta unidad, fundada en la diversidad, resultó ser la clave para la consolidación de un fenómeno político que contribuyó a la cultura de concertación y diálogo, lo cual abrió el camino para la construcción democrática del país.
Los fundadores del MIR se unieron bajo el mismo grito de indignación y radicalidad con que se resistió a la dictadura del Cnl .Banzer quien había llegado al poder con el apoyo del MNR y la FSB.
La lucha por la recuperación democrática marcada por un discurso combativo y revolucionario que nos unía en la clandestinidad con himnos de Víctor Jara y poemas de Ernesto Cardenal, hizo del MIR el instrumento de quienes sin sectarismos ni exclusiones, dimos todo lo nuestro para abrir las sendas de la democracia. Fue en esa etapa, entre canciones de protesta y lecturas de la teología de la liberación, cuando me uní al MIR para resistir la dictadura, en 1976, formando una célula junto a varios compañeros, entre ellos Gonzalo Barrón, todos estudiantes de la facultad de arquitectura de la UMSS. Nuestra célula dio más que un granito de arena en la lucha, dio su sangre y una vida, la de Gonzalo, asesinado por García Meza y Arce Gómez, junto a otros compañeros en la calle Harrington.
Desde la trinchera vimos pasar estos años de una vida política intensa, contradictoria, dramática, ingrata a veces, de dolorosos encuentros y desencuentros, pero ineludible a partir del compromiso de ligarnos a un proyecto de país con justicia y dignidad, sin olvidar ese pasado que guarda el crisol donde se forjó este proyecto. De la etapa fundacional y de resistencia a la dictadura, este movimiento experimento un instante de definiciones internas, cismas y fragmentaciones que fueron el precio que el MIR debió pagar para transitar los puentes que nos llevaron de la dictadura a la democracia, manteniendo su originaria flexibilidad táctica y estratégica.
Bordeaux afirmaba que "la política es la historia que se esta haciendo o que se está deshaciendo". Esta concepción está vigente en el MIR desde su fundación, treinta cuatro años de identidad, dentro de un tiempo histórico mayor; el tiempo de la nación y de la democracia, es la historia que construimos con aciertos y errores.
La idea pragmática del poder estrechamente acompañada por una profunda frivolidad, determina de manera perversa y paradójica la dispersión de los hombres y las utopías, del sentimiento de fidelidad a la historia que nos forjó.
Y como bien dice el poeta: "a partir de mañana debería aceptar que no soy el más fuerte, que no tengo valor ni pudor de ocultar mis más hondas heridas.