Venecia | PL
El cineasta británico David Lynch recibió ayer un León de Oro honorífico, en reconocimiento a su trayectoria cinematográfica, apegada al misterio y a la inmersión en mundos inquietantes, desconocidos.
La entrega del lauro transcurrió en una atmósfera de festejo colectivo, con las ovaciones de rigor, mientras la actriz norteamericana Laura Dern ponía en sus manos el trofeo.
Antes, el presidente de la Bienal de Venecia, David Croff, también la cabeza suprema de la Mostra -como se denomina comúnmente a este certamen- depositó a sus pies un elogio equivalente a un segundo León, metafórico esta vez. Croff lo bautizó como "el Stradivarius del cine".
Previamente el director de Velvet blue (Terciopelo azul, con Dennis Hopper e Isabella Rosellini en la piel de una cantante de club nocturno) había ofrendado a Venecia la proyección, fuera de concurso, de su filme más reciente, Inland empire.
En la pantalla Dern, en la piel de una actriz que rueda una película sobre un guión cuyo hilo conductor es una historia maldita.
El cineasta británico se conmovió, una vez que tuvo en sus manos el León, mansa fiera esculpida. Tal vez lo estremeció lo repentinamente palpable del paso del tiempo.
Apenas ayer -evocó- tenía 19 años y hoy me entregan este trofeo. Ahora tiene 60 pero, ayer, como hoy, sigue siendo un devoto del misterio.
Lynch debutó en el celuloide en 1977 con Eraserhead, una cinta para élites, trenzada con imágenes surrealistas, las mismas que es posible rastrear en toda su filmografía. Luego giró hacia la más convencional El hombre elefante.