El país está inmerso en un ambiente de desinstitucionalización, que se agravará si el gobierno no privilegia el diálogo y la concertación.
Nada parece que detendrá el afán hegemónico del gobierno del Movimiento al Socialismo y su rodillo en la Asamblea Constituyente; ni siquiera el paro de actividades que cuatro departamentos realizarán hoy en demanda de la preservación del estado de derecho y el sistema democrático, o la declaratoria de emergencia de las instituciones de Cochabamba, a lo que deben añadirse crecientes pronunciamientos de distintos sectores de la sociedad civil en esa misma dirección, sin que ello signifique que no existan otros que respaldan la política oficial.
La aprobación por mayoría absoluta del índice del reglamento de debates del evento llamado a redactar una nueva carta fundamental, donde se establece su carácter originario y desconoce los dos tercios como forma de votación, según lo determinan la ley de convocatoria y la normativa constitucional vigente, es prueba fehaciente de ello, por más protestas de la titular y aguerrida militante masista en favor de la búsqueda de acuerdos, conducta ya recurrente en otros escenarios del acontecer nacional, en los cuales se ofrecen enmiendas pero una vez consumados los hechos, sin reparar en la negativa incidencia que esta práctica tiene sobre la credibilidad gubernamental.
En semejante coyuntura, Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando pararán labores este viernes, mientras que organizaciones proletarias y campesinas afines a la administración, anunciaron el bloqueo de carreteras en cada una de sus jurisdicciones, empeñadas en contrarrestar la medida o provocar su fracaso, circunstancia que plantea una suerte de medición de fuerzas que podría generar enfrentamientos de imprevisibles consecuencias.
En el resto del territorio, entretanto, se observa un preocupante clima de tensión, con brotes de violencia aunque desencadenados esta vez por huestes del propio Movimiento al Socialismo, en abierta refriega para acaparar espacios de poder, como viene aconteciendo en dos provincias de este distrito, si es que no afecta al centro capitalino cual el caso del Comité Cívico de Cochabamba, ocupado por un grupo de personas a la cabeza de un Senador de aquel partido.
Peor aun, se teme que esta tendencia vaya a propagarse en otros departamentos, cuyas prefecturas y alcaldías en manos extrañas al oficialismo, serían el blanco del copamiento.
El país está pues inmerso en un ambiente de desinstitucionalización, que se agravará si el gobierno no retrocede y privilegia el diálogo y la concertación, en lugar de alentar con su política errática la polarización y el crispado de los ánimos.
De no producirse este giro, es posible esperar extremos que tampoco a nada bueno conducirán.