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Cochabamba - Bolivia Domingo, 8 de octubre de 2006

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RATIO IURIS

El gobierno de los eslóganes

Por:CAYO SALINAS

Tampoco nos interesa que el canal estatal muestre las habilidades futbolísticas del Presidente y sus enconos con la prensa, cuando el país está a punto de colapsar. Definitivamente el remedio fue peor que la enfermad. El MAS ha demostrado tal incapacidad, que importa más seguir la corriente de Hugo Chávez o insultar a Bush por ser el exponente del imperialismo, que cultivar la unión entre bolivianos

Una de las características del gobierno es esa. Mucho discurso para cada tema vinculado al quehacer nacional; mucha carga ideológica y segregacionista. Se habla más de lo que se dice hacer, y cuando se dice que algo se hizo, se lo anuncia despotricando contra todo y todos; nada, bajo la óptica gubernamental, sirve. No existen clases medias, criollas o mestizas. Vale únicamente el país de los aymaras, del indígena. El estilo chavista y castrista pesan cuando miramos cómo se conducen, con alocuciones salvajemente subversivas que convocan al odio e intolerancia. Se dan el lujo, sin rubor y con pasmosidad asombrosa, de encumbrar un nuevo estilo de gobernar: el discurso de plazuela, incendiario, peligrosamente divisionista, excluyente, marginador, cargado de una fuerte dosis de negación de lo que Bolivia es en la diversidad.

Todo pasa por los eslóganes, por insertar en la mente de los bolivianos que en nuestra interrelación debe pesar el color de la piel, o el lugar de dónde provenimos, o si vestimos de zapato de cuero o abarcas, o, incluso, si utilizamos o no corbata. A eso se ha dedicado este gobierno, a generar un discurso terroríficamente agresivo, intolerante, capaz de exacerbar hasta el más dócil de los mortales.

Creen que la mejor manera de gobernar en pleno siglo XXI es recurriendo al estilo de la URSS, donde se adoctrinaba que los gringos eran malos per se, que el vodka era el mejor trago y que la iniciativa privada era perniciosa. Por suerte, para los rusos de hoy, apareció un Gorbachov. En Bolivia, pareciera que la partidocracia caudillista de corte stalinista que es una radiografía de lo que sucede, se olvidó de que las poses y los clichés no sirven para generar prosperidad.

Bolivia no saldrá adelante con horas de charlatanería respecto a la llegada de los españoles, del rol de los jesuitas en la época de la colonia o el papel de cambas, collas y chapacos, para después decirnos que el reino del Collasuyo, de los mártires como Tupác Katari y de las bendiciones de la hoja de coca, son los alicientes y estímulo para construir un nuevo Estado.

Por Dios, tanta mediocridad en momentos en que los países trabajan en cómo conseguir mayores y mejores mercados para sus productos no tradicionales, o en cómo integrarse en busca de alcanzar el ansiado desarrollo sostenido. Pero no, los bolivianos teníamos que ser los machos de la película. Para nosotros importa más el poncho rojo y lo que se lleva dentro, que la capacidad para articular espacios de concertación que le muestren al mundo que este país es viable, es posible en términos de seguridad jurídica, de sensatez gubernamental, de compromiso con la diversificación de productos.

Lo de Huanuni es una muestra lacerante. El bien jurídico más preciado, la vida humana, nuevamente ha pasado a segundo plano. Ya me imagino si el MAS era oposición ante hechos como los ocurridos en Oruro. No sólo hubieran bloqueado caminos y sacado gentes a las calles para pedir la renuncia de los gobernantes de turno, hubieran, además, hecho culto a la dignidad y respeto a la vida de trabajadores de las minas.

Nos traen a la familia del Che Guevara, se encumbra su figura olvidándose que ciudadanos bolivianos fueron a combatir a las guerrillas ofrendando su vida por ello, y se privilegia la retórica sin hacer, con efectividad, nada para que no suceda lo que ocurrió en Huanuni. Ya lo estoy viendo a Alvaro García en el Pentágono comentar un evento como éste. Más de 16 reuniones dice patéticamente el Vicepresidente y se olvida que en el gabinete hay un minero y la gente que dice representar y que se supone, nunca permitiría actos como el que comento. En Huanuni no se mataron los k"aras, se mataron las bases masistas, unos contra otros, sin escrúpulos, sin temor y sin respeto a la vida. Y el gobierno dice, descaradamente, que culpa alguna no tiene, que intentaron parar el conflicto desde mayo y que no pudieron hacerlo. Que mala leche son, porque así hay que calificarlos. Y encima, hasta ofrecieron cajones, ataúdes en lugar de fuerza pública.

En oposición, el MAS ya habría paralizado el país. Ahora son angelitos, que nada de culpa tienen, y mientras en Huanuni se estaba gestando semejante confrontación y en Cochabamba se marchaba por la unidad y respeto a la ley, el gobierno, fiel a su estilo de poses y paradas, se vanagloriaba en preparar los actos conmemorativos a la muerte del Che, con familia incluida. ¿Qué carajos nos importa el Che Guevara cuando Bolivia tiene infinidad de problemas por resolver y que necesitan la mano de un gobierno que sepa hacer las cosas?

Tampoco nos interesa que el canal estatal muestre las habilidades futbolísticas del Presidente y sus enconos con la prensa, cuando el país está a punto de colapsar. Definitivamente el remedio fue peor que la enfermad. El MAS ha demostrado tal incapacidad, que importa más seguir la corriente de Hugo Chávez o insultar a Bush por ser el exponente del imperialismo, que cultivar la unión entre bolivianos.

Así viene la mano, y todavía dicen ser y representar la mayoría. Alguien en el gobierno debe demostrar algo de sensatez, mínima, pero sensatez al fin.

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