El Barón de Estaño soñó con vivir en este sitio, que ahora es un crisol de investigación y paraje de excursión familiar
Un camino flanqueado de imponentes ceibos de copas rojas marcan el camino de ingreso a Villa Albina, un complejo de la Fundación Simón I. Patiño en Pairumani que se ha convertido en un bastión de respeto ecológico y un espacio de paz y armonía con la naturaleza.
Se trata de un espacio de servicio a la sociedad y un paseo turístico de 260 hectáreas de terrenos cultivables y 100 de áreas forestales, que la Fundación sostiene en copropiedad con los ex colonos.
Allí funcionan tres importantes proyectos: la Granja Modelo, el Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas y el Centro de Semillas; además, desde 2001, se ha implementado el Parque Ecológico. Todos estos espacios pueden ser visitados por la población, con la planificación correspondiente.
La edificación central de Villa Albina, nombrada así en honor a la esposa de Simón I. Patiño, mantiene intacta la elegancia con la que fue diseñada alrededor de 1920 por el arquitecto José Aurigas (con algunas modificaciones de Max Franz) y luego edificada por el constructor francés F. Nardín.
Las habitaciones están organizadas en torno a un patio central cuadrangular, en el que una fuente completa el conjunto que se caracteriza por la luminosidad y tranquilidad. En la planta baja estaban ubicados los salones de recepción, sala de billar, comedor, salón de baile, tocadores y el escritorio de Patiño. Todos con trabajados muebles de estilo "arte nouveau". Pesadas cortinas, empapelados vieneses, lámparas de alabastro y cuadros de época completan el conjunto.
Completan jardines, con esculturas de mármol y decenas de especies de árboles. Allí está también el Mausoleo edificado en mármol en el que descansan los restos de los esposos Patiño y de sus hijos René, Antenor y Graciela.
Estos ambientes están abiertos a visitas turísticas gratuitas de lunes a viernes de 15:00 a 15:45 y los sábados de 8:30 a 11:30.
INVESTIGACIÓN
Parte de los ambientes de Villa Albina han sido convertidos en laboratorios del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas, en los que especialistas trabajan con avanzadas tecnologías para preservar la variedad genética de diversos productos naturales y para crear semillas mejoradas, resistentes a enfermedades, sequías, más nutritivas y de mayor producción.
La semilla nueva, explicó el director de la Fundación en Bolivia, Gonzalo Ávila, ha producido un incremento en la producción que ha significado un incremento de los ingresos de los productores de casi 8 millones de dólares por año. Instituciones y colegios tienen la oportunidad de conocer este trabajo, concertando con antelación una visita guiada.
Granja sin par y parque
Colegios e instituciones pueden visitar la Granja y conocer el modelo "agrobiológico" con el que trabajan, un sistema sin par en Latinoamérica que respeta tanto el suelo, las plantas y los animales, evitando usar productos químicos de síntesis, contaminar el medio ambiente y evitando la erosión de los suelos.
Vacas y toros no son vistos allá como una fábrica, sino como un organismo. Allí se une lo mejor del conocimiento tradicional con la más avanzada tecnología.
Los animales reciben infusiones de miel y linaza desde bebés, pero también se trabaja con inseminación artificial. Este es el hogar de "El Mallku", un toro de 800 kilos de la raza holandesa holstein.
El parque ecológico (que ha sido dado en comodato al SAR-Bolivia) está plagado de vertientes de límpidas aguas que descienden directamente del Tunari, un gran bosque de eucaliptos y de qewiñas. Allí, con un ingreso de tan solo 1 boliviano por persona, se puede hacer un día de campo con comodidad y seguridad en una de las 16 áreas de camping. El parque tiene parrilleros, baños, agua potable y basureros a disposición. Además los voluntarios del SAR-Bolivia alquilan carpas (de 2 a 25 personas) a quienes quieran pasar la noche desde 30 bolivianos.