Johannesburgo | EFE
Millones de caracoles sudafricanos están invadiendo los restaurantes europeos con una especie que está considerada como una delicia para los paladares, a pesar de que hasta hace poco sólo era una pesadilla para los agricultores.
Su nombre real es "Helix Aspersa Muller", aunque también se le conoce con el de caracol de jardín o con la denominación más chic de "petit gris". Este caracol y su primo, el Helix Pomatia, menos extendido, son los más consumidos por los humanos.
No se sabe exactamente cómo llegaron a Sudáfrica. Unos dicen que los trajeron los hugonotes y otros que los trajo el capitán de un barco que quería regalar algo divertido a su dama aburrida.
En el sur de Sudáfrica, estos caracoles de jardín se habían convertido en una pesadilla para los productores de fruta, que tenían que gastar grandes sumas en pesticidas para terminar con ellos.
La francesa Iva Puel-Freitag, procedente de un país fanático de los caracoles, fundó en 1998 una empresa, Elezane Industrias, que comenzó a buscar la variedad más adecuada, hasta que se topó con el "Helix Aspersa" que tantos dolores de cabeza daba a los productores de fruta.
La compañía fue comprada por un grupo de la alimentación, Oceana, y a partir de ahí comenzó la expansión de un negocio que, de seguir así, puede convertir a Sudáfrica no sólo en el primer exportador mundial de carne de avestruz, sino también de caracoles vivos.
En la temporada actual, que va de agosto a enero, la empresa va a exportar 30 toneladas métricas de caracoles a Europa. Si se calcula que cada animal pesa unos 5 gramos, este año cruzarán el continente unos seis millones de gasterópodos.
Para el año que viene, los planes son enviar 50 toneladas métricas, aunque Sudáfrica da para mucho más.
"Calculamos que se pueden llegar a cosechar cada sesión unas cien toneladas", dijo a los periodistas Shelldon Breda, gerente de operaciones de Elezane Industries, una firma que tiene su sede en la población de Hermanus, en el extremo suroccidental de Sudáfrica.
Esta compañía es la única que está autorizada por la Unión Europea a exportar caracoles vivos a ese continente.
Los gastrónomos consideran que la textura de la carne del "Helix Aspersa", además de su sabor, lo hacen ideal para el consumo humano, mucho más que otros productos de Asia que llegan a muchos restaurantes en conchas reutilizadas.
Europa consume anualmente unas 40.000 toneladas de caracoles, con Francia y España a la cabeza. Pero cada día hay menos de estos gasterópodos en el viejo continente, porque la pasión por ellos, a la larga, está llevando a su fin.
Y ahí entra Sudáfrica, no sólo porque tiene muchos caracoles de jardín, sino porque los habitantes locales son poco amigos de este alimento y, fundamentalmente, porque cuando se termina la temporada en Europa, comienza la de Sudáfrica, en distinto hemisferio.
Preparar tant o caracol para que llegue a Europa no es una labor sencilla, teniendo en cuenta los controles de ese mercado y situaciones pasajeras de estos animales, que sufren hasta de estrés.
Afortunadamente, al "Helix Aspersa" le gusta hibernar con bajas temperaturas, por lo que los exportadores utilizan una hibernación artificial para que el animal pueda dormir cuando cruza el continente. Así puede durar hasta uno o dos años.
Pero hace poco, un corte de energía eléctrica en la zona del Elezane Industries alteró la temperatura de los frigoríficos y rompió el ciclo.
"Como si fuera el final del sueño de la Bella Durmiente, miles de caracoles se despertaron y comenzaron a reptar por el suelo y las paredes", recuerda el director gerente de Elezane Industries, Robert Oktober.